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Id como una plaga contra el aburrimiento del mundo



lunes, 15 de marzo de 2010

Me doy de baja..


...por Fallas!

Nos vemos a la vuelta, gracias por seguirme :)

sábado, 13 de marzo de 2010

Canciones

En los buenos momentos siempre sonaba la misma canción. Esa que algunas parejas llaman su canción, esa que en las películas llaman Original Sound Track, esa que los artistas comerciales llaman One Hit Wonder, y que nosotros llamábamos simplemente canción. No hacía falta saber su nombre ni ponerle uno rimbombante, era esa canción que los dos sabíamos e identificábamos. Era la canción con la que aprendimos a volar, a cruzar semáforos en rojo, con la que nos gustaba convencernos de que el mundo seguía girando, con la que nos sentábamos en el ecuador a dejar colgar las piernas, con la que vimos por primera vez al mar hacerle el amor al horizonte, con la que se fueron los remordimientos una mañana de primavera, con la que vinieron las buenas noticias, con la que me dijiste que íbamos a ser papás, con la que construimos un futuro, con la que empezaste a estar ausente, con la que llegaron las malas noticias, con la que abortaste, con la que lloraste y con la que acabaste muriendo.

En los buenos momentos siempre sonaba la misma canción, pero sonó más en los malos. Su canción de las desgracias, Original Sound Track de los miedos, One Hit Wonder en el día de tu entierro. Canción, no era sino el latido de tu corazón.. (y se calló para siempre).

jueves, 11 de marzo de 2010

Promesas

-Nunca cumples tus promesas.

-Nunca prometo, que es diferente. ¿Para que voy a hacerlo? Las promesas se van, se pierden, se alejan, se las lleva el viento, la lluvia, el miedo, la incertidumbre, las olas, el mar, las gaviotas... siguen su rumbo hasta el horizonte y una vez allí, simplemente, desaparecen. Las promesas no existen, es una palabra inventada para denominar algo que nadie ha visto, nunca. Es jurar en vano. Es hablar por hablar. Es empeñar el futuro, robarle al corazón. Al tuyo, y al mío. ¿Porqué prometeré hacer algo que igual no querré?¿Porqué daré ilusiones a tu corazón sobre algo que quizá deje de ilusionarle? Vivamos el presente, las promesas son un trozo de pasado que compromete al futuro. Y ni el primero ni el segundo nos pertenecen. Sólo el presente, y te prometo que seremos felices.

-Nunca cumples tus promesas, esta no va a ser menos.

martes, 9 de marzo de 2010

1940


-Sois simplemente inferiores. Las diferencias son evidentes.

Lo miré sentado en su nuevo despacho, hablando con aquella superioridad que apenas unos días antes su alma, aún inocente, desconocía. ¡Habíamos compartido tanto! Sin embargo, ahora corrían tiempos distintos. Observé su uniforme, su brazalete rojo, su cabello rubio engominado, el gran ventanal que a su espalda mostraba la crudeza del mundo real, la gran mesa que a su frente mostraba el poder de la ira, el odio y el miedo a lo desconocido. Observé a quien había sido como un hermano para mí, y quise escupirle. Sin embargo, no pude más que esbozar una sonrisa gris y una mirada de lástima y compasión. Me volví hacia la puerta mientras mi antiguo amigo dejaba escapar una carcajada desbordada de desdén, me giré y, antes de abandonar su mundo para siempre, dije:

-La única diferencia evidente entre tu raza y la mía es que la mía sabe que más vale una vida, por pequeña que sea, que la nación más grande que creeis jamás, bastardos.

domingo, 7 de marzo de 2010

El tren

Ojos que no ven, sueños que se esfuman. Porque el corazón sentir sigue sintiendo, pero la vida pasa por delante de nosotros sin que queramos abrir los párpados y nuestros sueños se van con ella, y al final el tren pasa y nosotros no podemos cogernos ni al último vagón, demasiado cargado de amantes sonrientes como para dejar un hueco a desconocidos de ojos cerrados como nosotros, a seres de humo y poco más.

Recuerdo que cuando caímos en la cuenta de nuestros propios errores (de la suma de todos ellos), del montón de errores al cuadrado, multiplicados por sí mismos y a la vez por infinito, dijiste, y sentenciaste con ello: ojos que no ven, corazón que no siente.

Y yo te dije: pues ciérralos tú que yo me voy con mi corazón a otra parte, quédate con tus refranes que yo me voy con los sentidos, e hice las maletas para la vida (que yo también quiero ser uno de esos que sonríen en el último vagón...).

miércoles, 3 de marzo de 2010

Susurros

Cuantas veces susurré tu nombre al viento... Recuerdo aquellas tardes soleadas, aquellos veranos interminables, inabarcables, en que cogíamos nuestras bicicletas y pedaleábamos hasta el horizonte. Llegábamos los dos a los pies de la montaña que por entonces constituía el límite de nuestro mundo. Correteábamos junto al arroyo de aguas cristalinas que bordeaba las rocas de la ladera, reíamos entre nubes de mariposas azules e intentábamos cazar las libélulas que curioseaban entre nuestros cabellos rojizos de inocencia. Nos cogíamos de la mano y saltábamos de piedra en piedra, de sueño en sueño, y nos ruborizábamos como tontos cuando en un tropiezo nuestros cuerpos entraban en mayor contacto del acostumbrado. Subíamos y subíamos hasta la cima y allí, en una cresta desde la que podíamos observar la inmensidad del universo, dejábamos cada día una piedra más en un montón que habíamos hecho cada uno para poder subir otra vez cuando fuéramos mayores y nos hubiéramos casado y hubiéramos tenido hijos y hubiéramos dado la vuelta al mundo con ellos. Entonces subiríamos otra vez a la montaña que supuso el zenit de nuestra existencia y contaríamos cuantas piedras había, desharíamos el montón pieza a pieza, y descubriríamos cuantos días invertimos en nuestro primer enamoramiento repentino e inconsciente.

He vuelto, he cogido la bici, que está oxidada, he llegado a la ladera de la montaña, que no estaba tan lejos, he recorrido el arroyo, que ahora está seco, he ascendido entre mariposas más bien grises y he matado a una libélula molesta e inoportuna que quería enredarse en mis canas. He llegado a la cima, aunque tampoco era tan alta, y desde ella no se ve más que unos pocos kilómetros, un diminuto pedazo del mundo real. Y allí están los montones, había muchos otros que habrán ido haciendo con los años otros infantes aventureros, pero los nuestros siguen en su sitio, más altos que ningún otro... No me siento con fuerzas para contar las piedras, el mío debe de tener casi mil, el tuyo no llegará a cien. Y es que lo pateé ¿sabes? Aquella tarde en que el mundo se calló a mis pies, cuando descubrí por qué habías perdido el pelo rojizo, por qué ya no te ruborizabas, por qué no tenías fuerza para venir en la bici a atrapar mariposas... Aquella tarde pateé tu torre sabiendo que no volverías a poner nunca más una piedra, y susurré mil veces más tu nombre al viento mientras tiraba al infinito una a una las piezas que quedaban de nuestros sueños.

lunes, 1 de marzo de 2010

Pólvora

Era un ruidoso mes de marzo. Todos los meses de marzo son ruidosos en esta ciudad, se dijo a sí misma. Con toda aquella gente, tanto desconocido, aglomeración, color, idiomas, sonidos y más sonidos, era el lugar y el momento perfecto para desaparecer. Podía ser más visible que nunca y aún así que nadie percibiera su presencia, había miles de cosas que mirar en cada esquina y el ruido aparecía en cualquier momento y en cualquier lugar, sin prevenir, sin avisar. Había intentado esconderse de su corazón roto sin éxito durante meses en los mismos lugares en los que ahora resultaba invisible sin apenas proponérselo. Se juró que en cuanto pudiera dejaría de caminar entre el bullicio, se registraría los bolsillos, los dobladillos de los pantalonesy hasta el interior de los calcetines y sacaría de todos sus rincones hasta el último recuerdo de él, los escribiría en un pedacito de papel que doblaría siete veces (no se puede doblar más veces un papel, probadlo, ella lo había intentado muchas veces, tantas como esconderse de su corazón) y después arrojaría todos esos miedos y espinas del pasado a algún rincón en llamas en la noche de aquella ciudad que había empezado ese mismo día su nacimiento, su esplendor y terminaría con su muerte para renacer de sus cenizas.

Había llegado, no había otro momento mejor que el ruidoso marzo para hacer ruido y reparaciones en su interior.

Ya han llegado, sí. ¿Alguien me dice de qué ciudad hablábamos ella y yo?