As palabras en galego son lixeiras,
escapanse e, por veces,
desaparecen
sen deixar rastro.
As palabras en galego tes que amarralas coma bateas,
e esculpilas, en granito, para que pesen.
E empiladas, unha sobre a outra,
facer catedrais,
para facer historia.
As palabras en galego están sempre en loita,
e hai batallas que se ganan soamente
con mais palabras.
Usándoas.
Esculpindoas.
Amarrándoas,
para darlles ás.
As palabras en galego son miñas,
porque cando o uso
Esculpenme,
amarranme
e fanme ser,
tamén,
unha catedral con ás
no pe de batalla.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
domingo, 8 de septiembre de 2013
Ensayo sobre empezar de cero.
19 años atrás. Noche. Terraza, sobre silla de plástico.
Mi cuerpo infantil inclina sus piés sobre el poliuretano blanco, lo que me permite pasar la barbilla ligeramente por encima de la baranda y ver, unos centenares de metros adelante, como el gran incendio acaricia las primeras casas de mi pueblo. Era el verano de 1994, y diecisietemil hectáreas de Henarejos, donde nací, quedarían reducidas a cenizas. Es, con casi total seguridad, el primer recuerdo que guardo: yo llorando, pensando que el fuego se llevaría todo lo que había conocido en tan corta vida, más hoy, dos décadas después, sigo asomándome a la misma terraza, con la baranda a la altura de mi cintura sin necesidad de inclinar nada, y el pueblo no se ha movido ni un centímetro de donde estaba aquél verano, si la regla de la translación me permite esta licencia.
Mi cuerpo infantil inclina sus piés sobre el poliuretano blanco, lo que me permite pasar la barbilla ligeramente por encima de la baranda y ver, unos centenares de metros adelante, como el gran incendio acaricia las primeras casas de mi pueblo. Era el verano de 1994, y diecisietemil hectáreas de Henarejos, donde nací, quedarían reducidas a cenizas. Es, con casi total seguridad, el primer recuerdo que guardo: yo llorando, pensando que el fuego se llevaría todo lo que había conocido en tan corta vida, más hoy, dos décadas después, sigo asomándome a la misma terraza, con la baranda a la altura de mi cintura sin necesidad de inclinar nada, y el pueblo no se ha movido ni un centímetro de donde estaba aquél verano, si la regla de la translación me permite esta licencia.
Si miro abajo, hacia mi calle, veo aquél antiguo solar por el que cruzaba a la Plaza, convertido ahora en un garaje que obliga a dar un rodeo. La casa de enfrente, otro antiguo solar donde nunca más perderé mi pelota. La de al lado ha sido reformada, cubriendo con hormigón sus cicatrices de piedra. La primera a la derecha, sigue idéntica, excepto por las cortinas que cambian según la moda de cada año. La siguiente era la de mi visabuela, que hace tiempo se mudó a otro lugar donde ya no importan incencios, ni rodeos, ni pelotas perdidas. Volviendo a mi acera, mi vecina riega sus plantas, antes casada, ahora viuda. Y cerrando el círculo, mi casa, del mismo blanco inmaculado, aunque yo ya no pueda verla de esa manera.
Y ¿qué ha pasado en 19 años? Libros, clases y juegos en la pequeña escuela ahora convertida en residencia de ancianos. Accidentes que no acabaron incendiando nada, pero que me llevaron a vivir a otros lugares. Diferentes ciudades, y paises, a mis espaldas, que me alejaron de esta terraza, aunque siempre me mantuvo unido a ella el mismo sentimiento de miedo a lo desconocido que sentí aquella noche sobre la baranda. En diecinueve años el país pasaba de organizar Olimpiadas y prometer dos hogares a cada padre de familia, a no poder ni pagarme los estudios. Estudios tan largos que puedo garantizar que han pasado millares de personas a lo largo de los años sin que llegue a acabarlos, algunos pisando más fuerte, otros más flojo, la mayoría alzando el vuelo pronto, muy pocos se quedarán eternamente. Pero los que lo han hecho ha sido a conciencia, extendiendo raíces tan adentro que están a salvo de incendios.
Diecinueve años llenos de alegrías y también de malos recuerdos, que las grandes personas que he encontrado me ayudan a ver desde otra perspectiva, de reojo, con la media sonrisa que te da la edad cuando la razón va ganándole camino al ímpetu. Y aun así, con los años, libros, idiomas, coitos, lágrimas, besos, notas, abrazos, discusiones, fiestas, cafés, exámenes, caídas, películas, olvidos, rupturas, cigarros, reencuentros, aviones, sueños, decepciones, secretos y sonrisas que han pasado, siento que aún necesito ponerme sobre una silla, inclinar mis piés, y mirar con miedo y emoción todo el mundo y la vida que me quedan por delante.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
13:13
sábado, 24 de noviembre de 2012
El caparazón
Se me educó en un mundo en el que, ante todo, lo más importante era decirle a cada persona exactamente lo que desea oír. No era una cuestión racional, ni mucho menos sana, sino simplemente un modo barato y desquiciante de mantener todos los hilos en tensión, de dejar que cada uno fuera tirando de su extremo de la telaraña sin que el insecto acabara devorado. Conforme crecí, fui amoldándome a cada uno de los potenciales depredadores limando sus dientes con palabras que regalaban sus oídos y convirtiéndolos así en cómplices, estableciendo la paz social ante el caos latente. Sin embargo uno no puede actuar toda la vida y llega un momento en que el caparazón se rompe, no porque ninguna de las criaturas al acecho lo haya quebrado, pues la artimaña de complacer arbitrariamente es la más eficaz de las terrenales, sino porque cargar con tanta complacencia acaba pesando demasiado para la coraza misma, y esta estalla. Y es que no estamos diseñados para crecer en un mundo en el que debamos de cambiar de cobertura ante cada observador, no podemos ser aquella persona que esperamos que cada uno sea, no podemos convertir cada momento en especial y cada palabra en mágica, pues al final acaba por parecernos todo tan monótono y aportándonos tan poco que la solución más cómoda es dejar de interpretar y entrar en un estado de mutismo y aflicción. Rompemos la telaraña de tanto hilarla. Se quiebra la máscara de tanto gritar tras ella. Cuando decimos que somos nosotros mismos y nuestras circunstancias, a menudo interpretamos que debemos ser nosotros mismos y las circunstancias de los que nos rodean, y acabamos convirtiéndonos en depredadores también, fagocitándonos a nosotros mismos.
Cuando críe a mis hijos no los educaré como al camaleón, ni dejaré que algún día se conviertan en la araña. Los educaré en un mundo en el que es más importante ser un lento caracol con una única concha, que un espabilado cangrejo ermitaño en continua mudanza.
Cuando críe a mis hijos no los educaré como al camaleón, ni dejaré que algún día se conviertan en la araña. Los educaré en un mundo en el que es más importante ser un lento caracol con una única concha, que un espabilado cangrejo ermitaño en continua mudanza.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
20:23
lunes, 21 de mayo de 2012
Smile.
So I was riding this black bike back home, in the middle of the shiny Finnish night, where the Sun never sets down completely, and breathing with a stupid slight smile in the face. And then I needed to stop and stare to myself (that's an oxymoron, obviously, cause there was no mirror anywhere), in the top of a hill, and after remaining without reaction for a while, I just set foot on the pedal again and dropped down the slope laughing, while listening to my own voice inside my not-as-healthy-as-expected (but that's fine) mind:
Look at you. When it all started, you thought you have reached the top of your possibilities, and you were so stupidly glad about it. Now, months later, with it all broken and bleeding inside your body, with all this pains ballasting your dreams, you're happier than then and you haven't even noticed it before. So much promises, so much future plans, so much scheduled life. And one day it just blew up unexpectedly, non-sense, without any reason, just whimsically. And what were you able to do during weeks? Just crying. Just realizing that, even you thought you were so clever, with your two well-graded degrees, with your four native spoken languages with just 20 years old, with all your premature independence... You thought you already knew everything about life, but life surprised you across the corner. Now you know you will never be clever enough to understand life, to understand the others, not even to understand yourself. And that's fine. That's so fucking fine. Cause now you don't know about your possibilities, you don't know either about your limits. And even it is not real that you are unlimited, as much as you dream with being so, you can be. And your dreams broke, your future left, your plans crashed, but life goes on. And you are glad you're alive. And you're able to smile upon this fucking black bike riding brakeless the hill down to your home. Happy.
So I arrive home, lock the bike, go up to my room, put the pyjama on and go to bed smiling. Happy of having learned I won't ever learn about life.
Look at you. When it all started, you thought you have reached the top of your possibilities, and you were so stupidly glad about it. Now, months later, with it all broken and bleeding inside your body, with all this pains ballasting your dreams, you're happier than then and you haven't even noticed it before. So much promises, so much future plans, so much scheduled life. And one day it just blew up unexpectedly, non-sense, without any reason, just whimsically. And what were you able to do during weeks? Just crying. Just realizing that, even you thought you were so clever, with your two well-graded degrees, with your four native spoken languages with just 20 years old, with all your premature independence... You thought you already knew everything about life, but life surprised you across the corner. Now you know you will never be clever enough to understand life, to understand the others, not even to understand yourself. And that's fine. That's so fucking fine. Cause now you don't know about your possibilities, you don't know either about your limits. And even it is not real that you are unlimited, as much as you dream with being so, you can be. And your dreams broke, your future left, your plans crashed, but life goes on. And you are glad you're alive. And you're able to smile upon this fucking black bike riding brakeless the hill down to your home. Happy.
So I arrive home, lock the bike, go up to my room, put the pyjama on and go to bed smiling. Happy of having learned I won't ever learn about life.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
2:26
domingo, 20 de mayo de 2012
Se acerca un final más
¿Qué decir? Han pasado horas, días, semanas y meses. A veces siento que salgo de este año siendo una persona nueva, que ha aprendido muchas cosas, la mayoría inesperadas, y que estoy mucho mejor preparado para lo que viene. La mayoría de veces, en cambio, siento que salgo de este año hecho una mierda. Era mucho más feliz antes, dónde va a parar. Se suele relacionar felicidad con ignorancia. Y hay tantas cosas que hubiera preferido ignorar...
Sea como sea, estoy a una semana de ponerlo todo en una maleta, dejar fuera los disgustos y volar de vuelta a la rutina, de vuelta a lo esperado, de vuelta a "casa". Y aunque debería de estar alegre por poder zanjar tantas cosas con tanto bagaje nuevo, me invade la tristeza. Demasiadas despedidas. Demasiados recuerdos. Zanjo, también, el canal que abrí en mi pecho y por el que ha corrido tanta sangre. Y echar tierra dentro, aunque parezca mentira, también está doliendo.
No importa la distancia, no importa el tiempo: sigo arrastrando mis errores, sigo siendo consciente de ellos y, peor aún, sigo amándolos.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
2:38
lunes, 14 de mayo de 2012
Cerremos el círculo
A ti te encantaba Lynch y yo nunca supe por qué. A mí me encantabas tú y por eso nunca conseguimos acabar ninguna de sus películas. Deshicimos muchas más camas con la pasión de los veinte de las que habíamos hecho en los diecinueve anteriores sumados. Hasta que yo olía a ti y tú olías a cielo. Sobre tu pedestal, tan alto. Tan increíble que nunca acabé de vivirlo como cierto. Tan perfecto que se me acumularon todos los defectos en el hueso de la risa y desde entonces no me funciona.
Una vez conseguí que viéramos una de Kaurismaki y también dio igual porque a los diez minutos pasé de los subtítulos a tu entrepierna. Pero fue mi pequeña victoria. Ahora sólo queda el recuerdo, tu olor en mi almohada algunas mañanas, la cama deshecha y media sonrisa autosuficiente. A la otra media siempre le faltarán tus películas de Lynch para recuperar la suficiencia.
Una vez conseguí que viéramos una de Kaurismaki y también dio igual porque a los diez minutos pasé de los subtítulos a tu entrepierna. Pero fue mi pequeña victoria. Ahora sólo queda el recuerdo, tu olor en mi almohada algunas mañanas, la cama deshecha y media sonrisa autosuficiente. A la otra media siempre le faltarán tus películas de Lynch para recuperar la suficiencia.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
1:36
lunes, 7 de mayo de 2012
El absurdo de la existencia
El tiempo pasa demasiado deprisa y nos juega malas pasadas. Hoy mismo pienso lo que escribo y mañana lo desmiento, lo contradigo, lo despienso. "Yo soy yo y mis circunstancias" es una idea que me obsesiona últimamente. Las circunstancias están en continuo cambio y entonces yo también cambio y todo pierde el sentido. Nada es estable y lo único que cobra lógica es el absurdo. ¿Acaso no busco yo la estabilidad escribiendo este texto? Aunque mañana niegue lo que escribo hoy y entonces la estabilidad se convierta también en absurdo, en mentira. Se convertirá simplemente en un cúmulo de significados que quiso expresar un Chrístopher que ya no existe, como no existe el que empezó a escribir este texto ni existirá el que ponga el punto tras esta frase. El mundo en continuo cambio le quita el sentido a todo y con los últimos inventos ese cambio se ha vuelto aún más rápido, frenético, imparable. Inconcebible la mayoría de veces. Va a más velocidad que nosotros y cada vez tenemos menos tiempo para reaccionar, para evitar escaparnos de nosotros mismos.
El tiempo nos mata. El tiempo y los cambios que conlleva le han quitado el sentido a todo.
El tiempo nos mata. El tiempo y los cambios que conlleva le han quitado el sentido a todo.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
19:03
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)