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Id como una plaga contra el aburrimiento del mundo



lunes, 6 de julio de 2009

Relaciones Personales

Leí hace un tiempo que las personas creábamos los nombres genéricos para evitar establecer estrechas relaciones con todo lo que nos rodea. Para no poner un nombre propio a cada árbol, a cada roca, a cada grano de arena de un desierto inmenso. Pero, realmente, ¿Qué nos impide hacerlo? Hablar con cada rosa, follar con cada nube, besar cada "Adiós". Poder llamar a cada árbol por su nombre y que nos cuenten todo lo que han vivido. Siglos y siglos de secretos, de historias de amor sobre sus raíces, de historias de traición bajo sus ramas. Poder cantar con cada piedra y tumbarnos a dormir sobre ellas mientras nos susurran palabras de amor a los oídos. Los seres humanos podemos entablar relaciones personales con todo y, sólo eso, es lo que nos hace diferentes. Así que, para empezar a vivir intensamente, fuguémonos a la playa y empecemos a nombrar a las olas.

sábado, 4 de julio de 2009

Amores de esparto

Brisas de invierno
Que llenan de hielo
Toda mi locura
Y la atan a un velero.

Brisas de talento
Podrido en el yelmo
Que hay sobre la estrella
Que alumbra mis sueños.

Tormentos de oro
Que bañan mis ojos
Cubiertos de lluvia
Caída en mi otoño.

Tormentos de plata
Que mojan mis playas
Costas de deshonra
Y ríos de esperanza.

Escondrijos de fango
Con gatos amargos
Que arañan mi alma
Y hunden mis barcos.

Escondrijos de cera
Que inundan aceras
De mi pecho dolido
Y cubierto de espera.

Botones de acero
Que imponen un velo
A mi orgullo dañado
Que pierde su seno.

Botones de dioses
Que son superiores
A mi espíritu triste
Que les rinde honores.

Candados de hebras
De hilo y de hierva
Que quema el silencio
Que carcome mi madera.

Candados de tela
Cosida con letras
Compuestas por odios
Que secan macetas.

Transplantes de salas
Repletas de balas
Que espantan vampiros
Que queman mis alas.

Transplantes de heno
Que llevan el fuego
De todos mis aullidos
Y todos mis recuerdos.

Bandidos de prisa
Que roban sonrisas
Y llenan mis calles
De humo y cenizas.

Bandidos de ramas
Que ahogan fantasmas
Y apagan las luces
De mi canción en llamas.

Amores de esparto
Que apagan mi llanto
Que desatan soledad
Y hieren mis manos.

Amores de esparto
Que me tienen harto
De tanto rebuscar
Compañía en mi cuarto.

viernes, 3 de julio de 2009

Mareas

Notaba como el mar se llevaba mis sentidos a solas. Las olas se llevaban mis sueños a ciegas tras una marea. Y a mí me dejaron sólo, atado a mi balsa muerta. Sólo y arruinado, sordo, escuchando tus sirenas. Y el mar cruel y despiadado, desterrando a las estrellas, se metió por mi garganta, dejándome mudo, y se llevó mis sonrisas. Se llevó mi vida. Se llevó todo y no pude volver a sentir tus caricias sobre mi piel, ni el frío del agua ni el calor de la muerte deseada. Mi piel ya no sentía nada, el tacto se fugó a reinos más tranquilos por encima de las aguas. Y tras esquivar eternamente el respirar no tuve más remedio que intentar coger oxígeno donde evidentemente sólo habia agua, ni olfato, ni vista, ni tacto, ni gusto, ni oído, ni nada. Porque a veces las mareas suben lentamente y tocan la punta de nuestros dedos descalzos sobre los piés en la arena, abrazados. Y otras veces suben hasta el cuello y acaban con toda esperanza.

jueves, 2 de julio de 2009

El Rincón de los Olvidos

Qué triste es recordar
Que pude oír tu llanto,
Que te quise hasta el final
Y aún hoy te quiero tanto.

Cómo duele perdonar
A la muerte traicionera
Que tan pronto fue a apartar
Tu persona de esta tierra.

Qué dolor se desquebraja
En mis ojos soñadores
Rompiendo las esperanzas
Y rasgando los amores.

Lágrimas de cristal
Que ruedan por mi cara
Desgarrando mi faz
Y haciendo jirones mi alma.

Qué difícil fue admitir
Que tu nunca volverías,
Y hoy solo quiero fingir
Tu regreso cualquier día.

Qué silencio dejaste
En todos mis rincones,
Mis labios desgastaste
De tanto sollozar tu nombre.

Qué miedo llevo dentro
Generando torbellinos
De sentimientos negros
Que queman mis sentidos.

Cómo arde el corazón
Al pensar en tu sonrisa
Que le daba a cada són
Su ritmo y su sintonía.

Qué duro reconocer
Que el final siempre es el mismo
A veces el que nos vió nacer
Ve también como morimos.

Qué triste la realidad
Y la muerte que la acota
Marcando el feo final
Que siempre nos acosa.

Las venas tan desvaídas
Desprovistas de su sangre
Son ahora despejadas vías
Por donde sólo corre aire.

Los harapos y el veneno
De la vida al acabarse
Que se lleva los recuerdos
Para empezar a olvidarte.

¿Qué lugar en la memoria
Es más pobre, árido y hastío,
Que el llamado en las historias
El rincón de los olvidos?

¿Qué lugar en esta vida
corresponde a cada amigo
cuando su boca no respira
y va al rincón de los olvidos?

¿Qué sentido tiene el hecho
de vivir para morirnos
y hacer un camino maltrecho
al rincón de los olvidos?

Y al final sólo queda esto,
En el rincón de los olvidos:
Nacer con lo puesto
Y morir con lo vivido.

Carreteras

Relámpagos que antes eran coches, edificios, jardines, puentes, farolas. Borrones que ya no son personas. Flashes que una vez fueron sonrisas. Todo un paisaje impresionista, a través del cristal. Toda una vida a la que damos la espalda. Todo. Y seguimos nuestro camino y cruzamos avenidas, autopistas, túneles, puentes, rotondas, arcenes. Y el paisaje cambia y lo vemos todo impasibles. Dejamos atrás presente y futuro y viajamos al pasado. Fabricamos sueños enmarcados con suspiros en el cristal. Vemos a través de ellos nuestra vida que se aleja. Y a lo lejos sólo quedan los relámpagos, los borrones y los flashes. Y nosotros en nuestro asiento nos dedicamos a viajar, y a olvidar.

miércoles, 1 de julio de 2009

Rutina

Caminamos con los piés undidos en el fango del día a día, sin reparar siquiera en que a veces entre el fango crecen pequeñas flores. Amapolas. Hijas rojas de la sangre que sudamos día sí, día también, para poder sobrevivir a la inmundicia de la rutina. Gotas de sangre, pero flores al fín y al cabo, pétalos con la secreta intención de alegrarnos a diario nuestro eterno trotar hacia un día más, idéntico al de ayer, idéntico al mañana. Regadas con lágrimas. Golpeadas por el viento de nuestros suspiros. Pero firmes. Se mantienen en pie y siguen brotando del fango y al final, cuando queremos darnos cuenta, el fango se ha convertido en una pradera, y con nuestro triste esfuerzo de cada día hemos conseguido la felicidad: cinco minutos para poder soñar. Y volver a empezar.

As de corazones

-¡Que le corten la cabeza!

Así, como en un cuento de Lewis Carroll, el mundo patas arriba y nosotros dispuestos a desordenarlo. Tú, el gato sonriente y yo, el señor del extravagante sombrero. Tú y tus manos fugaces paseando por mi pelo, yo y mis piés lentos pateando las preocupaciones. Juntos damos caza al conejo del reloj. Juntos detenemos el tiempo. 364 días para celebrar nuestro No-Aniversario. Y en la Tierra nos dejaríamos los miedos, las historias sin sentido, las pesadillas y los pesares. La guerra, el hambre y la injusticia. ¿Para qué? En nuestro mundo tendríamos todo lo que quisiéramos, un paraíso de naipes sin cierzo que lo tumbe. Un infierno pintado de pan de oro.
Una reina envidiosa de nuesta lujuria, de nuestros cuerpos desnudos abrazados sobre las sábanas blancas, dibujando a nuestro paso suspiros y palabras de amor que sangran corazones en la cama. Que manchan de tinta tus pestañas. Que cubren de silencio mi razón. Y la pierdo, cuando la reina ordena, por nuestra lujuria y desenfreno, por el tiempo que pasamos andando a fuego lento, amando a tropezones, sin prisas y sin tiempo, que me corten la cabeza. Que me rompan en pedazos. Que despierte de este sueño. Que tú nunca me has amado.