Ya tengo las entradas para ver la banda sonora de este blog en directo! :)
viernes, 16 de abril de 2010
martes, 13 de abril de 2010
La Pajarita
No sabe que ocurre en aquella calle por la noche. Oye los ruídos, las risas, el jaleo, la música, los gemidos, los borrachos, las canciones, los pasos apresurados, los gritos de miedo y los de placer... lo oye todo, pero nunca ha visto esa calle por la noche. Él sólo sale a la puerta de su humilde hogar cuando el Sol lo acompaña. De buena mañana los orines y las botellas rotas inundan el callejón. Él, con toda la paciencia de una vida de trabajo constante, encorbado, echa uno tras otro pozales de agua por encima del empedraro para que las alcantarillas se lleven los recuerdos de una noche de lobos. Después, y cuando aún no se ha despertado ningún vecino (de los pocos que se despiertan en aquél lugar) empieza a sacar cajas de madera apolillada y a amontonarlas a ambos lados de su la estrecha y alta fahada de cal desmenuzada que conforma su casa. Cuando el Sol empieza a levantarse y se refleja desde el final de la calle sobre el suelo aún húmedo todo se baña de un tono dorado y el anciano sonrie sutilmente como recordando un tiempo en que aquél rincón de la ciudad era la avenida de los sueños. Sobre las cajas empieza a colocar una a una, decenas de pajaritas de papel. Las hay más grandes, más pequeñas, con más y menos alas, con más y menos pico, de un blanco impecable, de un blanco roto y también de colores 8aunque no muchas). Tras hacer eso, se sienta en la puerta y, sin perder la sonrisa, empeiza a ver despertar al barrio. Pasa el cartero, dice buenos días, el anciano lo mira espectante, esperando que le compre una pajarita, pero, como todos los días, el cartero pasa de largo en su bicicleta oxidada. Pasa la verdulera, de camino a abrir su negocio, saluda efusiva, pero no compra. Llega el mediodía y por la puerta han desfilado cientos de vecinos, algunos más relajados, otros con prisa, unos descansado, otros trabajando y la mayoría muriéndose de hambre. El anciano piensa que él también es un muerto de hambre, pero no deja de sonreír. Avanza el día, el Sol ha paseado sus rayos por toda la calle y ya casi se está poniendo por el extremo contrario. Nuevamente ilumina el lugar, esta vez de un tono similar al bronce, de oro viejo y ponzoñoso, de recuerdos muertos de un lugar que fue otra cosa hace demasiado tiempo. Cuando ya todos los vecinos han desecho el camino que hicieron horas antes, han vuelto a saludar al anciano e incluso alguno se ha parado a mirar las pajaritas (y no, ninguno ha ocmprado), pasa por la calle un carromato de ébano, tirado por dos caballos blancos, conducido por un galán de rancia mirada. A la ventanilla se asoma una pequeña niña rubia, de ojos claros y mirada inocente, sonriendo a pesar de la decadencia del lugar, viendolo todo como si la luz del Sol aún fuera de oro, y no de bronce. El anciano se levanta, sonriendo, encorbado, se acerca a la carroza que avanza a paso lento, coje una pajarita, no es la más grande pero si la más llamativa, en un tono rosa, y se la da a la niña segundos antes de que una mano envuelta en un guante de cuero la coja violentamente desde el interior y la aleje de aquél mundo. La carroza se aleja por el final de la calle y el anciano recoje sonriendo, pensando en qué triste es la vida de aquél que quiere quitarle la sonrisa a una niña. A pesar de tener la mejor carroza de la ciudad, dos preciosos caballos y un galán a su servicio, el señor del guante de cuero no es más feliz que ninguno de los desgraciados de aquella calle.
El anciano sonríe, recoje la scajas poco a poco mientras el Sol se acuesta una noche más. Entra en su hogar, sin saber qué pasará ahora que la Luna es la dueña de la calle por una horas, pero se dice que, en el fondo, hasta las má sbuenas familias tienen una puerta de atrás, un callejón sin salida, una calle de las miserias en que verter su perdición. Y a lo lejos suena un violín.
El anciano sonríe, recoje la scajas poco a poco mientras el Sol se acuesta una noche más. Entra en su hogar, sin saber qué pasará ahora que la Luna es la dueña de la calle por una horas, pero se dice que, en el fondo, hasta las má sbuenas familias tienen una puerta de atrás, un callejón sin salida, una calle de las miserias en que verter su perdición. Y a lo lejos suena un violín.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
23:58
lunes, 12 de abril de 2010
La Calle de las Miserias
La triste melodía de un violín recorre la Calle de las Miserias a altas horas de la noche. En medio de la niebla, una figura en gabardina camina bajo la luz de la única farola que queda viva en aquel cementerio de pasiones. A paso ligero, el resonar de sus tacones sobre el empedrado rompe con el miedo que se engarza a la piel y se introduce por lo poros en aquél lugar. A lo lejos resuenan truenos y explosiones, es la banda sonora de la guerra. El frío cala hasta el alma y lleva en sus alas polillas negras, borrachos y otros seres de mal vivir que pueblan la zona. Todos quieren poseer a la figura en gabardina. Guardar el resonar de sus tacones en una caja de música, encarcelar el vuelo de su falda, capturar la fragancia de su cabello moreno recogido en un pulcro moño sobre la nuca. La figura gira en el punto más sombrío de la calle y entra en un local, uno de tantos, donde las viudas alquilan sus besos. Se dirije a la barra, deja un buen fajo de billetes y sube una chirriante y estrecha escalera de madera entre brabucones con pasados más gloriosos y putas con ínfulas de princesa. Al final del pasillo abre una puerta negra y, tras ella, hay una joven rubia tocando en una cama blanca un pequeño violín. La figura cierra la puerta y todo lo que hay fuera parece desaparecer. Es un pequeño cuarto sin ventanas con una cama a la que le falta una pata, un espejo con una esquina rota, una cómoda sin cajones, cuatro paredes con el papel rasgado y un candelabro al que le faltan dos brazos. El violín parece ser lo único integro en aquel lugar en el que hasta la joven rubia, extremadamente pálida, parece haber entrado en decadencia. La figura deja caer al suelo la gabardina y se muestra al reducido público como una mujer imponente. Sobre la cómoda deja una americana y una veretta junto a su munición. Se sienta en la cama, se suelta el largo pelo azabache y abraza a la joven, que deja de tocar el violín y pregunta:
-¿Ya has conseguido el dinero para curarme? ¿O aún no? ¿Hará falta que sigas matando? Si tienes que seguir haciéndolo, si tienes que seguir manchándote las manos de sangre prefiero morir...
-Cállate. Y sigue tocando toda la noche, por favor.
Con una lágrima rodando por su cara y una sonrisa forzada, la mujer besa a la jóven, y rompe a llorar.
-¿Ya has conseguido el dinero para curarme? ¿O aún no? ¿Hará falta que sigas matando? Si tienes que seguir haciéndolo, si tienes que seguir manchándote las manos de sangre prefiero morir...
-Cállate. Y sigue tocando toda la noche, por favor.
Con una lágrima rodando por su cara y una sonrisa forzada, la mujer besa a la jóven, y rompe a llorar.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
2:32
sábado, 10 de abril de 2010
Cien
Cien entradas. Cien historias. Cien caminos a ninguna parte (y a todas a la vez..).
Cien conejos blancos que espero os hallan guiado a cien sentimientos, aunque sea por unos instantes.
Se que un premio en el mundo blogger se debe entregar por la calidad del contenido, pero permitirme que al ser los primeros me deje llevar por la subjetividad. Además, no voy a premiar a nadie que no tenga calidad, todos los blogs que sigo son de grandes artistas de la palabra. Aún así, he decidio destacar a cuatro blogs (y cinco individuos) por razones quizá algo egoístas:
En primer lugar, a LaNiñaMariposa y Cayetana Andrea porque nunca ha faltado un comentario suyo en todas las entradas:
Cien conejos blancos que espero os hallan guiado a cien sentimientos, aunque sea por unos instantes.
Se que un premio en el mundo blogger se debe entregar por la calidad del contenido, pero permitirme que al ser los primeros me deje llevar por la subjetividad. Además, no voy a premiar a nadie que no tenga calidad, todos los blogs que sigo son de grandes artistas de la palabra. Aún así, he decidio destacar a cuatro blogs (y cinco individuos) por razones quizá algo egoístas:
En primer lugar, a LaNiñaMariposa y Cayetana Andrea porque nunca ha faltado un comentario suyo en todas las entradas:

En segundo lugar, a Blogboreta y su recién estrenado blog para mostrarle todo mi apollo:

Y por último, mención especial a AyP, dos bichos que espero tengan mucha suerte en la P.A.U. y vuelvan pronto por aquí:

Sus blogs, en orden, son:
http://solitaxlacalle.blogspot.com/
http://miradaselectricas.blogspot.com/
http://revoloteandoando.blogspot.com/
http://lasmentirasdemyipod.blogspot.com/
http://solitaxlacalle.blogspot.com/
http://miradaselectricas.blogspot.com/
http://revoloteandoando.blogspot.com/
http://lasmentirasdemyipod.blogspot.com/
Os animo a leer a estos 5 mentirosos compulsivos :)
Gracias por todo,
Chrístopher.
(Hasta las 200!)
Chrístopher.
(Hasta las 200!)
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
4:37
viernes, 9 de abril de 2010
Vergüenza
Eran simples mortales. Personas inocentes que no hacían más que defender su hogar, sus historias, toda una vida. Los seres humanos tienen derechos, ceden su capacidad de autogobierno a otros a cambio de defensa, de paz, de libertad. La ONU dijo que la resistencia es legítima, nadie puede ser culpable de defender lo que es suyo, lo que ha sudado por sus poros, lo que se ha ganado con sangre y lágrimas. Y ellos lo perdieron todo, en favor del progreso que, en ocasiones como ésta, no es sino caminar hacia atrás, retroceder. Han dejado sus hogares, sus recuerdos, sus pasiones... las máquinas excabadoras han pasado por encima de ellos, los han demolido y arrollado. Los policías han golpeado hasta la inconsciencia a hombres y mujeres, jóvenes ilusos y ancianos resignados, sin distinción. Violencia contra la resistencia pacífica, golpes contra el diálogo. Parece una historia del tercer mundo, pero no, es nuestro país. Es Valencia. Es un gobierno irresponsable llevándose por delante las vidas de los vecinos del Cabanyal.
Valencia, ciudad sin ley.
Valencia... ¿o Violencia?
Sin duda, vergüenza.
Valencia, ciudad sin ley.
Valencia... ¿o Violencia?
Sin duda, vergüenza.
Esta era mi entrada 100.
Se supone que debería haberlo celebrado
con unos premios a mis lectores, como he
visto por ahí en otros blogs. Prometo que
a la vuelta lo haré. Y cambiaré de música,
y volveré a escribir. Pero hoy necesitaba esto.
Desahogarme, han conseguido irritarme.
Gracias por haberme seguido estos cien escritos.
Se supone que debería haberlo celebrado
con unos premios a mis lectores, como he
visto por ahí en otros blogs. Prometo que
a la vuelta lo haré. Y cambiaré de música,
y volveré a escribir. Pero hoy necesitaba esto.
Desahogarme, han conseguido irritarme.
Gracias por haberme seguido estos cien escritos.
Que no hacen falta avenidas que lleguen al mar,
para hayar la felicidad...
Que éstas solo llevan humo y coches,
y los espíritus no las saben cruzar...
para hayar la felicidad...
Que éstas solo llevan humo y coches,
y los espíritus no las saben cruzar...
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
3:22
martes, 6 de abril de 2010
Final
-Había una vez un lugar perdido entre tu ombligo y mis dedos que llamábamos vergüenza y que hace tiempo desapareció, ¿sabes?
-Había una vez una sonrisa tímida que asomaba en tu rostro cada vez que deslizaba mis manos por debajo de tu ropa y cuyo nombre ya he olvidado, ¿recuerdas?
-Había una vez unas llemas de dedos que no conocían las partes ocultas de tu cuerpo donde se convertirían más tarde en los únicos ojos de este ciego...
-Había una vez algo que ambos llamábamos tiempo y que teníamos miedo de gastar y que ahora perdemos sin apenas darnos cuenta de su paso...
-...y la piel tersa a dado lugar a las arrugas, y las sonrisas jóvenes a las desdentadas...
-...y la mirada impaciente a la experimentada... No me gustan estos cuentos, me dan miedo.
-Pero si envejecer a tu lado ha sido lo más bonito de mi vida.
-Y de la mía, pero ya ha pasado, eso es lo que me asusta.
-Había una vez una sonrisa tímida que asomaba en tu rostro cada vez que deslizaba mis manos por debajo de tu ropa y cuyo nombre ya he olvidado, ¿recuerdas?
-Había una vez unas llemas de dedos que no conocían las partes ocultas de tu cuerpo donde se convertirían más tarde en los únicos ojos de este ciego...
-Había una vez algo que ambos llamábamos tiempo y que teníamos miedo de gastar y que ahora perdemos sin apenas darnos cuenta de su paso...
-...y la piel tersa a dado lugar a las arrugas, y las sonrisas jóvenes a las desdentadas...
-...y la mirada impaciente a la experimentada... No me gustan estos cuentos, me dan miedo.
-Pero si envejecer a tu lado ha sido lo más bonito de mi vida.
-Y de la mía, pero ya ha pasado, eso es lo que me asusta.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
1:36
sábado, 3 de abril de 2010
Paso a paso
Como motas de polvo suspendidas en el tiempo y el espacio. Como una mirada a través de un cuadro colgado de la pared de los recuerdos. Como olvidarte de ir montado en bicicleta y aprender a caer (y no siempre de pié). Como sentir las gotas de lluvia recorrer cada centímetro de tu pelo para caer después por tu espalda y saborear cada centímetro de tu piel hasta morir sobre los dedos de los piés. Como ese primer soplo de aire en tus pulmones después de haber aguantado la respiración tras un berrinche de tantod que te daban. Como los primeros pasos de baile de la coreografía final de nuestras vidas.
Con nerviosismo, con impaciencia, con ganas de descubrir, con miedo a encontrar. Era como adivinar, como jugar, como ser unos completos desconocidos nuevamente bajo aquellas sábanas. Era como el primer día que te vi sentada en aquella estación de tren esperando inquieta y moridiéndote las uñas y decidí que tenía que hablarte, que sonsacarte tu nombre, sacarte una sonrissa y descubrirlo todo sobre tí, pero esta vez había menos ropa, menos espacio y menos verguenza entre los dos.
Paso a paso, seguimos las instrucciones que nos dictó el deseo (una vez más).
Con nerviosismo, con impaciencia, con ganas de descubrir, con miedo a encontrar. Era como adivinar, como jugar, como ser unos completos desconocidos nuevamente bajo aquellas sábanas. Era como el primer día que te vi sentada en aquella estación de tren esperando inquieta y moridiéndote las uñas y decidí que tenía que hablarte, que sonsacarte tu nombre, sacarte una sonrissa y descubrirlo todo sobre tí, pero esta vez había menos ropa, menos espacio y menos verguenza entre los dos.
Paso a paso, seguimos las instrucciones que nos dictó el deseo (una vez más).
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
2:32
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