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Id como una plaga contra el aburrimiento del mundo



miércoles, 5 de mayo de 2010

Sobre verdad y mentira en sentido intramoral

No tengo muy claro ser feliz. Tampoco es que me considere triste, no tengo muy claro que existan la felicidad o la tristeza, simplemente. No tengo muy claro qué es la verdad, dudo que exista, y si existe, dudo que sea solamente una. Tampoco tendría demasiado claro qué es la mentira, pero la veo más cercana. Y cuando digo mentira no me refiero a personas viles que transforman lo que ven con ánimo de lucro o con segundas intenciones. No hablo de mentira como un mal, hablo de mentira como una realidad, algo que está ahí y que, creo, lo es todo.

Partidario de la supresión de toda autoridad. Según la R.A.E., un descreído, una persona que sabe que nada es eterno, perpetuo, cierto y único. Para mí, eso es un ácrata. Un mentiroso que sabe que vive en un mundo de mentiras. Pero insisto, no hablo de mentira en el sentido inmoral de la palabra. Es más, no creo que existan cosas morales e inmorales, nisiquiera que algunas sean más o menos morales dentro de una escaleta universal. Creo que cada uno tiene su propia moral, que no es sino su propio baremo de la mentira, su forma de autoengañarse y decirse qué está peor o qué está mejor, porque, ya digo, no hay un bien ni un mal absolutos.

La vida son grises, matices... las televisiones en blanco y negro acabaron hace medio siglo y las personas que ven exclusivamente en esa gama de colores debería haber muerto con ellas. En fin, que divago: no sé que es la verdad, tampoco qué es la mentira, pero sé que ésta segunda es un todo, es lo que nos decimos día a día para ver amanecer, o anochecer, para sonreir por las mañanas (y para llorar algunas). Es lo que nos decimos cuando nos creemos especiales pero tambien lo que nos decimos cuando creemos ser el último payaso de este circo que es la vida.

En el fondo, las mentiras nos ayudan a ser felices (y a veces también tristes) si es que existen la felicidad o la tristeza, y eso es lo que nos hace humanos. Nada nos diferencia de la creación más que el rastro de mentiras que vamos dejando de camino a una verdad que nunca encontraremos y, por eso, soy un mentiroso. Orgulloso de serlo.

Hoy ví un día gris y me apetecía reflexionar,
quizá mi entrada más personal,
para aquellos que no creen en las mentiras.

6 comentarios:

  1. Buena reflexión... o algo...

    Besitos de Mariposa...

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  2. es curioso, no creo en la felicidad como completud.. como "la" felicidad, pero nunca me había puesto a dudar de la tristeza...

    Los autoengaños... sí. Son infuciones de vida, que paradójicamente, nos hacemos para sobrevivir.

    Tampoco creo en los absolutos.

    Un beso.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  4. Harías buenas migas con Descartes , me acabas de recordar muchísimo!
    No tengo muy claro que las mentiras sean un todo ni que nos ayuden a ser felices o tristes ( si es que existen la felicidad y la tristeza) creo que tienes un concepto de mentira diferente al tradicional( las mentiras inmorales).. de todas formas tendría que tenerte delante para entenderlo del todo..
    Aun así es probable que nunca lo entendiera ya que me recuerdan constantemente que no se mentir.. pero bueno eso es otra historia.

    Un beso! de día gris a día gris.. :)

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  5. sí, nos mentimos, y la mentira es necesaria para que sigamos caminando. la mentira activa la imaginación, la inventiva, el ingenio... nos mentimos cuando creemos que podemos evolucionar, cambiar y mejorar. cuando leemos, vemos cine o escuchamos música... ahora que lo pienso, vivimos rodeados de mentira. pero, como has dicho, no es algo malo (si es que el mal es algo absoluto).

    un besico sosero!

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  6. He tenido que leerlo tres veces xD xD

    Ando verdaderamente espesa, y te juro que no miento!!!

    Un besazo!!

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