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Id como una plaga contra el aburrimiento del mundo



martes, 28 de diciembre de 2010

Sobre brindis y copas rotas

Antes de que el año se lleve a la tumba todos los momentos que no compartí espero que el tiempo me deje decir mis últimas palabras, si es que el delirio me lo permite. Brindemos:

Por los días que hubiera sido mejor no levantarse de la cama. Por las toses que las cenizas del recuerdo provocaron en las entrañas de mis pulmones. Por los pasos en falso que di en caminos ciertos. Por las inspiraciones que más me valdría no haber dado. Por todo el tiempo que me he quemado en los relojes de otros. Por los huesos duros de roer de mis sueños, que aún rotos, me han sacado de más de un apuro. Por mis (des)encantos. Por las miradas perdidas de gente que merecía más la pena en el vientre del transporte de esta amarga ciudad. Por las sonrisas que me dejé guardadas. Y por las que dejé escapar. Por lo fácil que le es a mi cabeza perderse entre las nubes. Por las palabras que he perdido intentando justificar a los demás, y por las que gané culpándome. Por las canciones tristes que nunca compondré. Por las experiencias, que eso nunca te lo quita nadie. Por las mentiras que cacé aún estando cojo del corazón. Por la ignorancia, estado en el que sólo se puede aprender. Por los tejados que empecé antes que el resto de la casa, y por la heridas al caerme del andamio de la esperanzas. Por los tesoros que encontré debajo de las X  (y del resto del abecedario) y por el vacío que había detrás de la mayoría de ellos. Por el mundo que nunca tendré a mis piés. Por los silencios más elocuentes de la historia del ser humano. Por las noches que acabaron lejos de donde empezaba mi imaginación. Por las letras que no dejé en su lugar al escribir mi tragicomedia. Por los descosidos del alma. Por muchos brindis como éste, con bilis y copas rotas. Por ellos. Por ti. Por que todo esto ahora pertenece tan sólo a mí. 

Lo buenos de los años, tan mezquinos, tan poderosos y prepotentes ellos, es que uno les sobrevive a todos. Menos al último. Tampoco iba a ser todo perfecto.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Sobre juegos y juguetes

-Ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no... Pretendes volverme loco. Estás jugando con mi cordura, estás probando sus límites.

-Sí cariño, lo que tú quieras.

-Ni siquiera me estás escuchando. ¿Cuando te cansarás de jugar conmigo?

-La respuesta es evidente, cuando ya no sirvas para nada.

-A veces prefiero que no me escuches.

-Sabes que sólo hablo en tu cabeza, que ni siquiera te atreverías a mantener esta conversación conmigo. Te gusta que juegue contigo, que te manipule, que te haga correr tras mis dedos, que tire de tus hilos y te enrede en ellos. Sabes que por mucho que te rompa vas a vender tu mundo por uno de mis besos. Eres el juguete roto más entretenido del mundo.

-Y tú la jugadora más macabra. Mi corazón se rinde.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Sobre un año más (o un año menos)

Se me da mal hacer balance, y más del año más intenso de mi vida, hasta ahora. 2010 ha sido muchas cosas, alegres y tristes, pero podría dividirlo en cuatro etapas:

Enero-Febrero-Marzo o "La Transición":
Unos meses en los que me asumí a mí mismo, me consumí, digerí y renací. Aprendí a aceptar lo que había dejado atrás, a desterrar de entre mis cejas las personas innecesarias que se habían colado allí, a dar la bienvenida sin prejuicios a las nuevas. A matar esos prejuicios también hacia mí mismo, a comprenderme. Aprendí a respirar.


Abril-Mayo-Junio o "El descubrimiento de América": 
 Si primero tuve que aceptarme, luego tuve que ponerme en práctica. Aprendí a disfrutar con miedo mis primeros pasos en mundos nuevos. Con las personas que había tras de mí y con su cariño a cuestas, emprendí la escalada de nuevas cimas, me superé, me creí por primera vez hasta donde había llegado, crucé mis metas con ventaja absoluta. Aprendí a sonreír.

Julio-Agosto-Septiembre o "La Revolución Rusa":
Por el color más que otra cosa, el rojo sano en mis mejillas, el rojo apasionado en mi corazón. Descubrí un nuevo modo de vida, reinventé mi forma de querer, dí un paso sin marcha atrás en mi historia. Expandí mi curiosidad por Europa, expandí mi amor a dos corazones, que en uno sólo reventaba. Y finalmente, aprendí a echar de menos, pero de verdad, profundamente. Aprendí a valorar.

Octubre-Noviembre-Diciembre o "La caída del Imperio":
Sufrí, esperé, pensé, reflexioné e intenté reinventarme cien veces aunque siempre volvía al triste punto de inicio. Aprendí a desaprender lo aprendido. Me olvidé de respirar, de sonreír y de valorar.


Pero de un tiempo, altamente corto, a esta parte, todo ha dado un vuelco. Creo ver la luz y ahora creo comprenderla. Creo estar preparado, quiero que vuelva la Revolución Rusa e insufle su sangre joven en mis venas raídas, quiero que las personas que me acompañaron al Descubrimiento de América me vuelvan a hacer sonreír como si octubre nunca hubiera llegado, quiero que se note que la Transición existió, que no sigo siendo el extinto individuo que paseó sus mentiras sin pena ni gloria por la vida. Sé que los revolucionarios están aquí por pocos días, que se irán de nuevo y que los volveré a echar de menos. Pero también sé que yo sigo siendo el mismo revolucionario. Que luego no seré un alma en pena, que he aprendido de la distancia. Respiro, sonrío y... valoro que estés aquí.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad! y otras cosas horribles, ácratas.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Sobre descomposiciones y madrugadas

¿Cuanto tarda el cuerpo humano en descomponerse? Depende del trato que haya recibido, imagino yo. Influirán todos esos discursos que construiste con tus incongruencias. Todas las falsas semillas que plantaste en mí, las flores que esperabas recoger cuando sabes que no te corresponden, porque has regado otras plantas en mi ausencia, y porque no sé qué decir de mi presencia. Se me han descompuesto los sueños, el alma y la fe en la humanidad. Se me ha descompuesto el aliento y las palabras que hablan de ti. Y se me ha descompuesto la compostura. De mí, en todo caso, no quedará mucho que descomponer para cuando la Muerte me lleve en sus brazos. De corazón, al menos, ya ando escaso.

martes, 21 de diciembre de 2010

Sobre corazones bipolares

De tanto caminar por el filo de la duda, al final la vida me partió en dos y se quedó a cada lado de la frontera una mitad del corazón. Uno de los lados se ha sentado en el meridiano que dibuja su sonrisa a contemplar las caricias que le propina el Sol. El otro vive en un Londres constante, allí donde por más que alces el vuelo nunca deja de llover y tus alas empapadas te empujan al fondo de tus miedos.

Y ahora no sé si quiero al uno o echo de menos al otro. ¿Es capaz el corazón de pensar en dos personas a la vez? Mi cabeza, al menos, no. Porque cuando pienso en uno me olvido del otro, y si pienso en los dos me olvido de mí y es entonces cuando más me pierdo, cuando mis sueños se quedan a tres pasos de la estratosfera y mis pies pegados al suelo de la impotencia no me dejan ir tras ellos. Y una parte del corazón se dedica a inflar globos que me eleven mientras la otra los pincha, uno a uno, con su afilada melancolía.

Y ya tengo la voz ronca de intentar elegir a gritos entre mis miedos, de intentar discernir lo que deseo. Se me ha rasgado la conciencia y nublado la vista. Unas veces extasiado de ilusión y otras de tristeza, no conoceré un término medio hasta que la vida vuelva a coger cada mitad del corazón y me las devuelva unidas, si es que aún me pertenecen.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Sobre tomar aire y no tomar decisiones

Para un momento, respira. Siente como el aire fresco invade tus pulmones y su anzuelo se clava en tu esternón para tirar de ti hacia las nubes. Pareces flotar por encima de esos pequeños problemas que a veces borran las branqueas del sistema respiratorio de tu cuerpo y convierten el oxígeno en humo y tus metas en pozos. Estás en la encrucijada, pero qué más da si ahora no sabes elegir entre los diferentes caminos que te brindan, disfruta un poco de cada uno de ellos, quédate con lo mejor, olvida lo que pudo haber sido.

Ahora que tus adentros están llenos, aunque sea de aire, vuelve a mirarte en ese espejo del fracaso que has creado para tus noches, en los momentos antes de dormir en que necesitas empujar los comecabezas de la cabecera y aún así los oyes roer por debajo de la cama y tramar sus trampas de cristal sobre lo que llegarás a ser y sobre lo que nunca fuiste.

Verás como, una vez has respirado, has contado hasta diez y te has permitido el lujo de tomarte un breve tiempo para ti mismo, el aire de tu interior se convierte en oro, en esos sueños que te hacen pesado para ti mismo pero ligero para los demás, y que tú te empeñas en convertir en todas esas convicciones suicidas por las que tu corazón pidió la independencia y se instaló por encima de las estrellas, ajeno a ti.

Respira, toma aire y nunca más tomes decisiones. Que sean otros los que decidan, que tú ya cargas bastante con una sola vida, como para cargar con la que ansías, con la que temes y con la que hubieras esperado de los demás. Toma aire, y tómate la vida en tragos largos, antes de que se la beban tus parásitos.

sábado, 18 de diciembre de 2010

No concibo término medio,
y es porque nunca me has dejado tibio.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Sobre luces, cámaras... ¡yo!



Sesión de estudio, 16|12|2010
Se perdió en aquél paragüas de mentiras de carmín que la protegía de la realidad.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Sobre escarcha y espejos retrovisores

Sale de la discoteca, chaqueta en mano, que el tejemaneje de cuerpos calientes del interior nunca la deja abrigarse. Se enciende el cigarrillo y mira a los transeúntes mientras se pone el abrigo. Borrachos variados tirados por los suelos de la calle, con el alma sesgada entre fiesta y fiesta. Quinceañeras que se han puesto los primeros tacones de su vida y se han pintarrajeado y han escondido su inocencia bajo el colorete para aparentar diez años más y entrar al local de moda. Los porteros de siempre, copiados y pegados en todos y cada uno de los accesos a una caja de música rota donde adolescentes y no tan adolescentes acarician su alma con la última droga de diseño. Tira el cigarro al suelo, lo pisa con sus diez centímetros de tacón negro sobre la escarcha de enero, se coloca los oscuros mechones sueltos de su pelo inquieto, se sube un milímetro más la falda,  lo justo para que se le intuyan los desencantos, se retoca el pintalabios rojo y se ríe de si misma. Para un taxi.

-¿Dónde siempre, señorita?

-Sí, al infinito.

Y se aleja de la realidad que le escupe el retrovisor.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Sobre centenas y lo que más

Aquella madrugada me dí cuenta de cuánto cuentan cien descosidos para un alma humana. Fuera, la noche cerrada pesaba en el ánimo pero no más de lo que pesan cien confesiones y secretos a voces. Los papeles se amontonaban en mi escritorio: exámenes, trabajos y exposiciones se acumulaban en un corto espacio de tiempo. Y tanto esfuerzo, tantos aprobados, raspados algunos, sobresalientes otros, no me brindaban tanto orgullo como las cien historias que había perdido en mi camino hacia el fondo del pozo que yo sólo me había cavado, y que nadie se molestaría en evaluar, ni me interesa. Cien suspiros de mi mente melancólica que no llevarán el pan a mi boca, pero a menudo llevan el descanso a mi corazón. Cien, cien, cien, cien... Y parece que ya tengo cien años, que mis escasas arrugas deslucen mi rostro como si fueran cientas, y es que las más profundas no se aprecian a la vista, ni al tacto, ni a ningún otro sentido aunque existieran cien de ellos. Sólo al sentido común. Al sentir sentido profundamente. Al sentir que ha muerto la chispa en mis pupilas negras. Al sentir que cada día que pasa es idéntico al de ayer y no espero un mañana mejor. Y es que podría hablar de cien personas en este momento, que se lo merecerían más, sin duda, pero por más que ensayara sólo me saldría hablar de una. Esa única persona que es, en esta vida, lo que más (he sentido, he soñado, he anhelado, he acariciado, he saboreado, he tocado, he abrazado, he olido, he pensado, he sonreído, he llorado, he escrito, he recordado, he gritado, he sangrado, he idealizado, he esperado, he desesperado, he suspirado, he oído, he cantado, he palpitado, he emocionado, he encantado, he hechizado, he comprendido, he descubierto, he encontrado, he sorprendido, he enloquecido, he enrabiado, he perseguido, he afligido, he enfadado, he asumido, he vivido, he contrariado, he acostado, he levantado, he dibujado, he despertado, he compuesto, he inventado, he añorado, he lastimado, he sanado, he insuflado, he volado, he buscado, he silbado, he lamentado, he paseado, he celebrado, he dolido, he triunfado, he reído, he cicatrizado, he disfrutado, he pintado, he jugado, he liberado, he agarrado, he privado, he saqueado, he cubierto, he acaparado, he caído, he dejado, he cedido, he seguido, he implorado, he sabido, he perdonado, he tenido, he ilustrado, he explicado, he flotado, he olvidado, he desentendido, he reestructurado, he servido, he reinventado, he recuperado, he pretendido, he perdido, he curado, he olfateado, he impregnado, he tumbado, he justificado, he susurrado, he guardado, he lamido, he tarareado, he sudado, he sorbido, he besado, he muerto, he sido...) he querido.

Cien caprichos se me han caído por la puerta trasera del alma. Ojalá caigan cien más. Ojalá.

domingo, 12 de diciembre de 2010

No quieres estar solo

Aprovechando que han sido los primeros en confirmar su asistencia al SOS 4.8 2011 (del que ya tengo la entrada a pesar de que faltan 5 meses), la canción que os propongo este mes es What you know, de los irlandeses Two Door Cinema Club.

Mi relación con ellos empezó como un flechazo en el FIB 2010, al verlos cerrando el escenario secundario mientras todo el mundo se apelotonaba en torno a Dizee Rascall en el principal. Entoncés me pareció que ambos estaban en el escenario equivocado y hoy lo corroboro. Tras meses reventando su ábum Tourist History, increiblemente alegre a la par que meditado, fusión del electropop y el rock alternativo, he de decir que es un disco redondo. Si quereis escucharlos más, empezad por Cigarettes in the theatre o Something good can work, las más célebres, aunque I can talk aparece actualmente en el anuncio de un coche y os sonará porque su melodía es, como todas, muy pegadiza.

Yo he elegido What you know porque su letra es la que más me cala, aunque todas sean perfectas, a veces pienso que el estribillo "you don't want to be alone" me lo están cantando exclusivamente a mí.



Por cierto, mi próxima entrada será el Capricho número 100 que haya dejado caer por estos lares, ¿alguna sugerencia?

viernes, 10 de diciembre de 2010

Sobre humo y labios de carmín

Podría decir que su vida se resume en una huida empezada demasiado pronto, cuando su inocencia aún ni se había calzado para correr tras ella. Aprendió a usar el pintalabios rojo sangre antes que a vestir sus muñecas, huyó de su infancia, se fugó de su niñez y apenas dio un breve paseo por la adolescencia antes de abandonar su hogar y pagar sus primeros alquileres, mientras sus amigas sólo pagaban esa revista de cotilleos que ella nunca leyó. Conoció a más gente en la intimidad que a la luz del día, y en la facultad se labró la fama que ningún otro quiso para sí. Fue la primera en acostarse con aquél que todas deseaban, pero ella nunca lo dijo. Y también fue quien cambió de acera a esa chica con la que todos soñaban. Fue la reina de la pista en un baile en el que todos bailaban con máscara menos ella. La única que perdió al juego de las apariencias que nunca acabó de entender por mucho que sus múltiples parejas, universitarios con ínfulas de bohemio y virtuoso que no eran más que humo vendido, le explicaran el sentido de la vida entre calada y calada, para acabar recorriendo sus tatuajes con la lengua. Y cuando se plantó a hacer repaso de su vida decidió que había sido más intensa de lo que su esqueleto de cristal podía soportar, y se dejó llevar. Se dejó de querer, se dejó de alegrar y se dejó el alma en ello. Se dejó tumbar en la cama de cualquiera y se dejó convencer de que era especial.

Pobre niña de la sonrisa bermellón y traviesa, perdida en el humo de su cigarro, en el tedio de su habitación, en la tristeza de sus ojos grises. Salió a comerse el mundo, y el mundo se la comió.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Miro por la ventana y...
Espero.

Espero seguir esperándote.
Nadar en nuestros recuerdos.
Caer en el abismo de tu ausencia.
Andar a la par de tu camino lejano.
Notar como el tiempo labra en mi piel.
Tratar de vencer las distancias.
Amarte a pesar del olvido.
Saber que esperar merece la pena por abrazarte otra vez.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Sobre ti

Vamos a jugar a un juego. Imagínate dos personas, da igual su sexo, da igual su edad, da igual su estrato social, su religión, su raza o con qué pie se han levantado ese día. Aunque uno de los dos se levanta siempre con el izquierdo. A ver si adivinas de qué hablo:

Ambos están abrazados en un parque. El invierno naciente peina sus cabezas y tiñe con la ternura del otoño muerto sus sonrisas cómplices. Se han dejado caer en cualquier rincón de ese mundo por el que caminaban a ciegas, pues sólo tienen ojos el uno para el otro. El que se levanta con el pie izquierdo tiene un brillo de ilusión en la mirada que traspasa fronteras y borra las huellas de un secreto que teme. El que se levanta con el pie izquierdo tiene también las manos temblorosas de amor y sus labios tejen palabras que no sabe muy bien cómo pronunciar cada vez que se separa de los labios del otro. Quiere decírselo pero el miedo le trepa por las crestas de su coraje y al final, le puede. Le ha podido desde que se conocieron, le podrá cada vez que conozca a alguien. Ha tocado nuevamente el tacto sedoso del amor humano con la piel de su inocencia muerta. Ha creído en la pasión desbocada que le ha insuflado lo que los retrovirales no han conseguido en años: felicidad por vía intravenosa. Y, por fin, viendo el destello del amor incondicional en los ojos del otro, le susurra: soy seropositivo.

Y el brillo incondicional se hace añicos en la pupila del otro, y la inocencia vuelve a morir y el tacto sedoso se vuelve lija, y  las crestas del coraje se lanzan al vacío y los labios bosquejan disculpas y las manos tiemblan de tristeza, y el uno ya no tiene ojos para las retinas desesperadas del otro, y el otoño y el invierno se muestran crueles y fríos como son. Se oyen gritos e insultos, se ven empujones y el uno sólo sabe echar en cara y correr y ponerse histérico, tendiéndole la zancadilla al pie izquierdo del corazón del otro. Se repite un ritual que el primero ya se sabe de memoria: el segundo irá al médico, se lo contará a toda su familia, a sus amigos y lo convertirá nuevamente en un paria. Aunque hayan usado siempre protección, aunque haya ido con todo el cuidado del mundo. Al segundo le darán los resultados, negativos, se quedará tranquilo e iniciará su vida de persona corriente con preocupaciones corrientes, sin importarle la grieta que ha abierto en la vida del otro.

 El que se levanta con el pie izquierdo podría ser mujer o hombre. Podría ser ario, o negro, o hispano o oriental. Podría ser católico, musulmán, ateo o mormón. Podría ser joven, maduro o un anciano. Podría ser un intelectual o no tener formación. Podría ser tu padre, tu madre, tus primos, tus hermanos... Esta es una historia que se repite día a día en el mundo. Son los abandonados, los rescoldos, el deshecho. Y no se lo merecen. Lo que se merecen es atención social, ayuda, soluciones. Porque, ante todo, podrías ser tú.

1 de diciembre, día mundial de la lucha contra el VIH.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Sobre los viajes de la lluvia y la hierba cortada

Ves ese prado verde recién cortado, y el olor de la hierba sesgada te inunda.Los pájaros vuelan bajo y su canto te inspira la desconfianza típica de los diciembres jóvenes. De esos primeros y fríos días de mes que no estás seguro de haber empezado con buen pie. Cierras los ojos, porque lo que quieres es sentirte sólo. Ajeno al tráfico, al humo y a las personas con sus preocupaciones inútiles y banas. Agudizas el oído y al cabo de unos minutos solo oyes las lágrimas del cielo plomizo golpear una a una las hojas del árbol que hay sobre ti, caer en tu cabeza, mojar tu pelo, bajar por la mejilla e iniciar un trayecto secreto por dentro de tu ropa, hasta calarte el alma. Los últimos don nadie que perturbaban tu tiempo, que ensuciaban tu prado, que envidiaban tus pájaros, han huido de la lluvia refugiándose en sus casas asépticas y sus inquietudes vacías.Y tú ahí sigues, en medio del parque, bajo la tormenta. Te crees superior al resto de personas, crees que todo el mundo es un invento estúpido que nunca se ha parado a pensar en qué sentido gira, y por algunos instantes tocas la felicidad y la verdad con la yema de los dedos. Luego todo se aleja y sigues solo en el parque, empapado. Los truenos y los relámpagos han dado paso a la noche amarillenta y parda de la ciudad y tú intentas volver a cerrar los ojos intensamente, quieres recuperar lo que habías conseguido por milésimas, esa sensación de que no necesitabas a nadie, de que la lluvia se llevaba tus temores y tus sueños frustrados. Pero sólo consigues oír un débil susurro que dice: ya ha pasado, ya ha pasado... Y no volverá.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Sobre calles sin fin y horizontes

No sé como llegamos a este punto ni me atrevo, tan siquiera, a querer saberlo. Y es que, te advertí tantas veces que llegaríamos al final de esta avenida, que había empezado a creer que sólo existía en mis amenazas y que las avenidas de nuestras vidas se habían unido en una infinita. Que mirábamos adelante y las farolas de nuestros sueños se unían en un punto incierto del horizonte por donde salía y se ponía todos los días el Sol, por donde asomaba y se escondía todas las noches la luna: el principio y el fin de nuestras preocupaciones, lejano.

Pero el tiempo se ha acumulado en las esferas de nuestros relojes, las agujas me empujan fuera de ti y he de marchar. Ahora que el hueco que me hice bajo tus omoplatos, en el lugar donde nacían tus alas, que has perdido sin saber muy bien cuándo, dónde ni cómo, se ha vuelto frío e incómodo, he de marchar. Ahora que sé que te quiero, como lo supe siempre y nunca quise admitirlo, he de marchar. Y para cuando te diga que te echo de menos, te habrás marchado tú. De estas avenidas infinitas, de este horizonte sin problemas, del cobijo de tus alas... he de marchar. He de marchar. He de marchar...

sábado, 27 de noviembre de 2010

Sobre crecer y todo lo que crece con ello

-Hacía años que no pasabas por aquí. Casi me había olvidado de ti, y es una pena, nunca llegamos a solucionar lo tuyo. ¿Qué te trae de nuevo? ¿Has cumplido con las espectativas que tenías de lo que te deparaba la vida?

-Supongo.

-¿Supones?

-No sé muy bien en qué consistía cumplir con las espectativas.

-Pues crecer, hacerte una chica responsable, madurar, cumplir con esas metas que te ayudan.

-¿A qué?

-¿Cómo?

-¿Que me ayudan a qué? Todo este tiempo sólo me ha servido para darme cuenta que cumplir con las metas y crecer y ganar responsabilidades a lo único que ayuda es a que crezcan tus problemas contigo. No solucionan tus miedos, sino que traen nuevos y, encima, te hacen culpable de ellos. He aprendido que lo que el mundo espera de mí es que sea una chica insípida más, una mancha más en el retablo impresionista que compone la mano irónica de la vida con un pincel de miserias sobre el lienzo imprimado de la soledad. Porque por muchas manchas de colores que junte, todas y cada una de ellas son un punto aislado, vacío y sólo. He crecido, sí, y he cumplido con la espectativa de ser otra mancha de pintura en el retrato edulcorado del mundo. Lo siento si, en vez de salir de color, salí negra. Siento no cumplir con vuestras espectativas. Lo bueno es que, en cuanto a mí, nada me ha podido decepcionar. No os volvais a preocupar, en serio, nada me ha podido fallar porque nada esperaba de vosotros. Y ahora, si no le importa, abandono esta habitación rutinaria y sus trabajos y sus prejuicios. Me fugo de su manicomio, ese al que llaman edad adulta.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Sobre la distancia y los movimientos planetarios

Ahora que estamos a solas, y que hemos apagado nuestros corazones en ascuas para que su ensordecedor latido no ahogue nuestra voz... Ahora que hemos aprendido de los golpes de la vida, y de la vida oculta tras cada golpe, y de las astillas que se desprendieron de nosotros cada vez que caímos... Ahora que sabemos que el único fallo consistió en conocernos en el momento equivocado, con las circunstancias erróneas, el tiempo al borde del precipicio y el mundo corriendo a contracorriente.... Hablemos.

Podemos hablar de qué hubiera sido de nosotros si hubiéramos escuchado al corazón cuando no quería ensordecernos, si hubiera seguido prendiendo en él aquel fuego que apagamos con distancia y tierra de por medio, si hubiéramos devuelto cada golpe con una sonrisa, cada astilla con una caricia y cada caída con un nuevo acelerón, si nos hubiéramos conocido mucho antes o tan sólo instantes después de todas las adversidades que se nos echaron encima juntas como una noche sin amanecer previsto, si hubiéramos parado el tiempo, si le hubiéramos cogido ventaja a la translación de este planeta de locos. Hubiera pasado que ahora no hablaríamos, porque no haría falta. Y hablar contigo me encanta, aunque nos tenga envidia la distancia y nos siga manteniendo a cada uno en su sitio. Lejos del otro, en definitiva, pero cerca gracias a las palabras con las que cada noche hago malabares para intentar vencer los kilómetros de separación, al menos, en mis sueños.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Sobre el infinito, y más allá, y más acá

Aún recuerdo con una sonrisa cuando jugaba a esconderme en mi montaña de juguetes y mi madre no me encontraba. Cuando me metía dentro de la funda del edredón y viajaba al centro de la Tierra. Cuando la barandilla de las escaleras era un arriesgado circuito para mis cochecitos. Cuando veía una y otra vez esa película en la que un muñeco decía "Hasta el infinito y más allá" y yo me asomaba a la ventana y lo repetía y creía que podía salir volando por ella.

Pero pasé de jugar con juguetes a ser el juguete en las manos de otros. Y tras mucho trastabillar y rasparme las rodillas y los codos por nada, y tras tropezar y levantarme, más veces a la fuerza que por voluntad, tras todos los titubeos que escribieron fracasos a fuego en mi piel, y tras abrírseme descosidos por donde se escapaba mi alma de algodón, me convertí en el muñeco roto que soy.

Y ahora ya no quiero ir más allá, me conformo con el más acá. Con lo más cercano. Con que vuelvas de tu viaje al infinito y te hayas cansado de romper muñecos y te apetezca coger hilo y aguja y empezar un nuevo juego conmigo. Pero esta vez firmemos primero un final feliz, que un mismo corazón de trapo no aguanta dos embestidas tuyas, por mucha cuerda que me des.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Un pequeño cambio:

Tras mucho tiempo, he llegado a la conclusión de que el reproductor automático de música podía molestar un poco. Así que, ahora, pondré, donde estaba dicho reproductor, un video de alguna canción que iré cambiando mensualmente. La música es para mí un arte que amo al nivel de la literatura, y este blog no sería lo mismo si no os hiciera partícipes de lo que escucho.

Inauguro con Infinity, de The XX, un grupo para muchos extraño, incomprensible y demasiado alternativo. A mí, en cambio, me dice mucho y, en particular esta canción, con cuya letra me siento demasiado identificado a veces, me hace evadirme. Su disco es el último que he comprado y, tanto en el contenido musical como en la presentación física, es lo mejor de este año. Un pequeño tesoro para los oidos que recomiendo sin duda alguna.



Gracias por seguir soportando mis ideas discordantes.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sobre empequeñecer

Pocas veces es tan difícil enfrentarse al papel en blanco. Parece un mundo inmenso e incierto a nuestro alcance, y da miedo alcanzarlo. Más cuando uno quiere hablar de lo que me dispongo, de cómo he empequeñecido, de cómo siento que lo seguiré haciendo, de todo lo que no volverá a hacerme grande.

Siento que en poco tiempo conocí la gloria y, a la vez, la miseria. Mi vida no es que haya sido un camino de rosas, y si lo fue, desde luego, estaban podridas, porque siempre he sentido ese olor a flores muertas y el aliento de lo triste acariciando mi nuca. Aún así, antes era inocente, ignorante, y era feliz. Sabía que había problemas, pero generalmente los solucionaban unas cuantas lágrimas e invocar a papá y a mamá. Ahora no.

Siento que soy diminuto, porque cada vez me valoro menos, pero es que cada vez veo menos necesario valorarse, y esto se convierte en una serpiente que se muerde la cola, cuando no la lengua. He perdido compañeros, he perdido amigos y he perdido conocidos. He perdido esperanzas, he perdido sueños y he perdido ganas de alcanzarlos. He perdido a quien amaba. He perdido felicidad y he perdido autoestima. He perdido confianza, he perdido afabilidad y he perdido simpatía. He perdido muchas lágrimas por el camino, y las que me quedan. Y he perdido la fe en que no perderé las cosas y personas que he ganado últimamente, si es que no las he perdido mientras escribía ésto.

Siento que encojo, que cada vez mi cuerpo alicaído hace más presión sobre mi corazón ya de por sí pequeño y débil. Siento ganas de llorar hasta deshacerme, y ganas de evadirme de este mundo, de meterme una noche entre las sábanas y desaparecer entre ellas y no ver un mañana, que nadie más me encuentre ni se acuerde de mí ni piense dónde estaré. Siento ganas de no ser yo y, lo que más miedo me da, últimamente sólo siento odio, odio hacia mí mismo, y el odio de los demás.

Siento que empequeñezco. Empequeñezco. Empequeñezco.

lunes, 15 de noviembre de 2010

-¿Alicaído significa que a alguien se le han caído las alas?

-¡Qué cosas tienes! ¿Cómo va a significar eso? Alicaído es triste, debil, sin ganas de nada. Simplemente. Las personas no tienen alas. Siempre estás preguntando tonterías.

- ¿Sabes? Me gustabas más cuando volabas.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Me han repetido tantas veces que soy profundo
que a veces pienso que no voy a poder escapar de mí mismo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Sobre darle la vuelta a las cosas

A veces me miro al espejo y me asalta esa sensación de que no me gusta lo que veo en mi reflejo. Y es entonces cuando pienso en darle la vuelta a mi piel, en rebobinar mi historia, en mirar la cara mala de la vida desde la buena y las sombras desde el Sol. Los días que antaño fueron abismos abiertos en el calendario se volverían ahora los más felices que pasamos juntos y aquellos pocos que pasamos juntos se volverían los escasos que nos separaron.

Desde mi nueva piel, puesta del revés, vería el mundo más bonito aunque menos humano, o quizá sería esto último lo que lo haría un lugar mejor. Los pájaros en la tierra, los mamíferos en el mar y los peces por el cielo. Tú conmigo. ¿Qué más podría pedir? Hacer mi corazón reversible, ya que no conseguí hacerlo impermeable.

jueves, 11 de noviembre de 2010

POMpomPOMpomPOMpom

¿Lo oyes? Yo aún hay veces que creo que también, sólo a veces.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Sobre la lluvia en días soleados

Es en esos cortos suspiros entre susto y susto, de esos sustos que te da lo cotidiano, cuando realmente te sientes vivo. Notas que todo es impredecible, que el futuro no está escrito, y notas la palabra libertad tatuándose en tu piel. Pero no libertad en el sentido idílico, sino libertad en un sentido tan amplio que da miedo.

Es cuando sales a la calle un día soleado y, cuando vas caminando, empieza a soplar una brisa que parece querer desnudarte, descubrir tu cuerpo y tus secretos más íntimos, con la inocencia de un niño. Pero el niño crece y el aire se convierte en un viento adolescente que, si pudiera, te tumbaría en medio de la acera para desnudarte sin inocencia ninguna. Y entonces llega la lluvia, que puede ser una lluvia cierta que no esperabas, o puede ser una llamada tuya, un mensaje... al fin y al cabo, que hagas acto de presencia un día de esos en que creo que te he olvidado, que formas parte de predicciones meteorólogicas pasadas, que caiste sobre paragüas rotos pretéritos.

Aún así, aún te llueves sobre mí de vez en cuando y llego a mi destino con la cara empapada y los labios temblando. Repiquetean mis dientes al decir tu nombre y siento ese frío que antaño fue el calor de un abrazo. ¿Sabes? Odio los días soleados y, extrañamente, amo las noches lluviosas. Al menos en la oscuridad puedo imaginar que son tus dedos los que repiquetean en el cristal de mi ventana.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Sobre mí

Quizá llegó el momento de darme un homenaje. Hace tiempo que creo que he dejado de escribir lo que siento. Es como si hubiera caído una capa de nieve sobre mi corazón y no se percibe que por el negro horizonte vaya a asomar ningún Sol en los próximos meses. Siento que todo está lejos. Siento. Y ya es mucho decir teniendo en cuenta que los sentimientos no han hecho más que jugarme malas pasadas en los últimos tiempos. A veces uno, cuando da más de lo que recibe, da también más de lo que tiene, y se queda vacío. Me asusta mirar en mi interior y comprobarlo. Certificar que ya no hay nada, que no volveré a ser la persona interesante y autosuficiente que fuí antaño. Que ya nadie va a encontrar algo que merezca la pena en mí y, estando así las cosas, que no voy a encontrar un hilo con el que coser lo descosido, esos huecos en las ganas de vivir por donde se me escapa el alma. Mentiría, también, si no dijera que he probado varias agujas ya, pero todas salen torcidas o despuntadas. En vez de coser mis miedos han pasado por los agujeros que ya había del bordado anterior y los han rasgado, los han desanchado, haciendo que cada vez sea más dificil encontrar un buen sedal que me saque de este pozo en el que, voluntaria o involuntariamente, me he sumido. Había llegado el momento de darme un homenaje y, releyéndome, parece que me haya cabado mi propia tumba. Ahora, almas de este mundo, echadme tierra encima. Total, yo seguiré buscando inútilmente un hilo entre las lágrimas y los gusanos.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Sobre el periódico de hojas amarillas

Abro los ojos y la luz blanca reflejada en la pared me golpea como un puñal. Huele a perfume, a tabaco y a sexo. Miro el reloj: las doce del mediodía. Me miro a mí mismo, al borde de la cama, con un pié desnudo colgando del colchón, mis sábanas blancas enredadas en la pierna, trepan por mis caderas y me tapan hasta el pecho. Me dispongo a girarme para despertarte con un beso y... no estás.

Me vuelve a golpear la luz, esta vez la que entra desde el otro lado de la cama. Me tapo con la almohada intentando asfixiar mi mal humor matinal y, tras minutos de discutir conmigo mismo entre dientes, me incorporo. Desenredo las sábanas de mi cuerpo y con ellas dejo atrás mi único abrigo ahora que no están tus besos. Salgo al balcón y recibo otro día de otoño, aunque por lo menos hoy ha salido el Sol y, entonces, lo recuerdo. Tú no estás aquí, ni estuviste anoche, ni estás hace tiempo.

Salgo al salón y veo mi montón de periódicos viejos. Cojo el último que leimos juntos, cuando nos reíamos de los problemas del mundo abrazados en el sofá. Ya está amarillento y en la última página puedo leer como escribiste en tinta azul, de boli bic, junto al crucigrama: Cuando pase el tiempo conocerás a alguien más, y me olvidarás, y es que es lo normal, aunque nos de rabia siempre ocurre igual.

Es el último estribillo de nuestra canción. Cómo iba yo a saber lo que nos vaticinaba. Tiro el periódico y vuelvo a la cama, en alguna hora del día llegará alguien que quiera meterse en ella y hacerme olvidarte por un momento.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Sobre pájaros, papeles y una pluma traidora

Me gusta imaginar que seguimos tumbados en el césped de aquél parque. Sí, el que tú y yo sabemos. Que la hierva es más alta que mi nariz y, en consecuencia, sólo me deja ver el perfil de tu cuerpo paralelo al mío y, después, la inmensidad del cielo. Y el Sol, que brilla en lo alto porque el invierno es aún un mito. Y los pájaros, que revolotean dibujando fantasmas de un otoño pésimo sobre nosotros, aunque yo no quiero verlo. Ya vendrá el tiempo en que lo sufra, cuando las nubes grises se sincronicen con mi reloj interno. Cuando tenga que empujar el minutero para poder dar la próxima inspiración, si no he perdido todas las fuerzas expirando.

Pero no quiero que mi pluma se deslice por esos lances negros. Hoy escribo para recordar lo bueno. Tus sueños como bolas de papel rodando sobre el verde suelo, empujadas por la brisa veraniega que huele a tu cuerpo. Quisiera saber qué escribías en aquellos folios que luego dejabas correr y que yo no me atrevía a abrir. Sí, tenía miedo. Temía que hubieras escrito lo peor de mí en ellos. O peor, que hubieras escrito sólo lo bueno y por eso lo dejaras volar, escapar de nosotros y borrarlo de tus recuerdos. En el fondo, las bolas de papel recorriendo el césped eran la sombra del vuelo de los pájaros de mal agüero. Y mi pluma se ha vuelto a escapar por donde no debía.

Me gusta pensar en tu risa y en tus empujones y en cuando la gente nos miraba extraños por demostrar tanto amor en un lugar público y pacífico como aquél parque. Le hacíamos la guerra al civismo, a lo establecido y a lo bien visto. Eso me encantaba. Ser más guerreros que amantes, más fugitivos que ejemplo a seguir. Aunque quizá fue eso lo que te cansó y te convenció para dejar de contestar a mis llamadas, para evitarme en la calle e incluso para hacer como que no me conocías. ¡Mierda! ¿Es que ni tan sólo puedo acabar un párrafo tan bien como lo empiezo?

Mejor lo dejo aquí por hoy. Quizá otro día mi pluma no insista en emborronar mis historias con tu ausencia. Quizá sea mejor olvidarme de ella, abrirme las venas, y empezar a escribir con sangre lo que con tinta no entra.

domingo, 31 de octubre de 2010

Un cordero con piel de lobo.

sábado, 30 de octubre de 2010

Siempre hay un roto para un des-propósito.

viernes, 29 de octubre de 2010

Dentro de mi alma
te llevo metida,
y aunque soy un emigrante
jamás en la vida
yo podré olvidarte.
Cuando salí de mi tierra
volví la cara llorando
porque lo que más quería
atrás me lo iba dejando...

Juanito Valderrama

jueves, 28 de octubre de 2010

Maravillosamente imperfecto.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Una ayudita, por favor...

¡Hola!

Bueno, os comunico que tengo un proyecto de clase junto a una magnífica compañera, Rocío Ros, que consiste en elaborar un seguimiento de un tema, en este caso, hemos escogido la ciudad de Valencia.

Aunque no os interese el tema, que lo veo comprensible, por favor, pasaos un poco, dadle a seguir o lo que sea, el blog se evaluará en función del público que consigamos atraer, y cuenta un buen porcentaje de nota final. ¿Me ayudais aunque sea un poquito?

Por favor, ¡os lo agradeceré de corazón!

Valencia en tus manos

¡Mil gracias!

Chrístopher Casas

domingo, 24 de octubre de 2010

Y corté por lo insano.

sábado, 23 de octubre de 2010

Cacé más moscas con hiel que con besarte.

viernes, 22 de octubre de 2010

Eres lo que más he...
y después, todos los participios del diccionario.

jueves, 21 de octubre de 2010

El Sol se ha caído en mi cama y los pedazos han rasgado uno a uno mis sueños.

martes, 19 de octubre de 2010

Intento recomponer el puzzle, pero creo que te llevaste algunas piezas.

lunes, 18 de octubre de 2010

Ahora sí empiezo a notar que se me escapa el alma por los descosidos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Sustos

Sentimiento: estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente.

No sé si el diccionario se equivoca. La casa está vacía. Solos yo y mis fantasmas. Al otro lado de las ventanas, frío, el otoño ha hecho su trabajo. Y oscuridad. Tanta que oprime, cuando antes me concedía libertad. Una libertad tan grande que dejó cicatrices incurables.

De fondo, música. The Beatles, Yann Tiersen y Two Door Cinema Club. Una mezcla extraña, presumo de buen gusto musical, creo que sus melodías me llenan. Soy un iluso, sus notas nunca van a solucionar mis penas, mis devaneos, mis tejemanejes infinitos, insistentes e impertinentes. Mis miedos.

Todas las luces están apagadas, menos la de la cocina, menos el ordenador con su pantalla acusadora, menos el piloto de la lavadora, y su ruido constante y disonante, y mis trapos sucios dando vueltas en su único ojo que me mira amenazador, sabe lo que pienso. Yo, cara al fregadero, intento dejarlo todo impecable. Nunca reconoceré que lo hago para evitar pensar, para evadirme del resto de habitantes de ese piso vacío. Esos que nadie ve excepto yo, esos que me ladran hasta el llanto antes de dormir cada noche e invaden y hacen suyo cada sueño.

En el fondo me río, ironicamente, de mí mismo. Yo que siempre dije que eso del amor es un cliché. El acrónimo de Roma y poco más. Yo que alardeaba de mi independencia. De no querer ser de nadie, de no querer que nadie fuera mío. Y ¿ahora qué? Soledad. Y en el momento en que lo descubro siento algo que me asusta, que viene por dentro, e intenta salir. Creo que es ira, y froto con más fuerza las manchas en las baldosas aunque mis brazos tiemblan, pero pronto me doy cuenta que era tristeza disfrazada de agresividad. Que no quiero pegar, lo que quiero es... y antes de pensarlo ya cae mi primera lágrima dibujando los ríos por donde se escapó mi autoestima y tengo que admitirlo, avergonzándome de que me vean los fantasmas que recorren el pasillo. Lo que quiero es llorar. Una vez más.

Y al acabar, al sentarme en el suelo odiando todos y cada uno de los pasos que he dado en mi vida, maldiciendo el camino sin salida que he trazado, sólo puedo venir y escribirlo para así comenzar a olvidarlo. Se ha convertido en un ritual: te ignoro, te siento, te lloro, te escribo y te vuelvo a ignorar. Y, por favor, no me preguntes más por el significado de las etiquetas. Todo, de alguna manera, es real. Aunque me guste esconderme y excusarme en mentiras que están dichas de verdad.

domingo, 3 de octubre de 2010

Interesante

Supongo que un sábado a las 2:28 de la madrugada no voy a encontrar a nadie interesante aquí. Y supongo bien. La gente interesante ha salido a pasear sus vidas interesantes por las calles iluminadas de su mundo convergente de conversaciones divergentes con otra gente interesante y con mucha gente no interesante pero que muere por ser como ellos mientras suena la música que yo siempre escucho a escondidas. Sé que yo fuí interesante, pero me asusta salir y comprobar si sigo siéndolo ahora.

Me asusta intentar buscar en medio de tanta gente interesante a la única persona a la que sé que no puedo encontrar, y me asusta encontrar cualquier otra cosa y recordar tus labios cuando rozo los suyos, tus manos cuando las suyas me rozan, tu perfume en sus nucas insípidas. Me asusta buscarte a ti, porque sé que no voy a encontrarte, que no estás aquí. Y me asusta lo mucho que me he encaprichado de cómo eres, y me asusta que me supiera tan a poco, y me asusta que en un futuro aún me sepa a menos.

Dejaré que las hojas del otoño sigan sumándose sobre mí, quizá cuando llegue el invierno haya dejado de soñar que regresas y no me haces caso. Quizá para entonces lo habré comprobado en persona, y no tendré más remedio que reinventarme. Esperaré el tiro.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Atardecer

Cada hoja que caía del árbol, roja como el atardecer perfilado tras el horizonte del parque, era como uno de los minutos que pasaban lentamente lacerándome y dejando tras de si un rastro de virajes, giros y piruetas que dibujaban tu ausencia junto al banco en el que me sentaba. Cuando llegué al lugar de la cita, casi una hora antes de lo previsto, lo había hecho ilusionado y sonriendo nerviosamente, esperanzado por volver a vernos, pero esta vez sólos: tú, yo, el sol poniente y los cisnes del lago. Aunque había cierta multitud reunida extrañamente al otro lado de la valla, armando un poco de jaleo del que esperaba huír hacia los adentros del parque en cuanto llegaras.

Me había costado lo mío convencerte, aunque en el fondo tu sonrisa desvelaba que tenías tantas ansias como yo y sólo querías robar de mis labios unas cuantas palabras bonitas más antes de aceptar la propuesta. El tiempo había pasado y el otoño había amontonado ya unos cuantos cadáveres anaranjados a mis piés, desnudando con parsimonía al viejo árbol que me cobijaba. La pintura verde del banco estaba desconchada por los inviernos y veranos que habían alternado sus abrazos cálidos y sus embites fríos sobre su superficie y los corazones dibujados por muchas otras parejas se deshojaban resignados y en silencio, en sintonía con el resto del parque.

Las hojas siguieron amontonándose recordándome que el tiempo había superado peligrosamente la hora prevista y empecé a maquinar que no vendrías, que en realidad me había imaginado las ansias tras tus dientes níveos, que nunca me quisiste, que, es más, me odiabas. Y, así, continué exasperándome y tragándome las lágrimas de ansiedad (de rabia, de tristeza).

Al fin me levanté y me fuí, dejando escapar sin reparo el torrente de lágrimas amargas, sin imaginar que la multitud que rompía la magia de parque al otro lado de la valla lo hacía en torno a tu cadáver, atropellado justo cuando cruzabas con un ramo de flores blancas en la mano sonriendo porque me habías visto y ni te habías fijado, de la emoción, en el semáforo en rojo y en los coches que pasaban rasgando el filo de tu corazón exhaltado.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Despedida

Mientras escribo esto las horas que restan a tu partida van recorriendo de forma ineludible la esfera del reloj. Son pocas, sin embargo, tiempo atrás fueron tantas que nunca pensé que pudiéramos acabarnoslas. Pero, como siempre, la vida nos enseña que no podemos escapar a ella y sus estrictas circunstancias: el tiempo vuela, y nosotros, tarde o temprano, nos cansamos de seguirle el paso.

Si tubiera que hacer un resumen de todo esto no sabría por donde empezarlo, igual que no me veo capaz de acabarlo. No hablo sólo de aquel primer beso inesperado en la playa, sino de incluso antes. De aquellas conversaciones fugaces, de aquellos encuentros casuales e inocentes. Después de la primera noche todo fue mucho más rápido y entonces sí, llegaron los momentos realmente especiales. Pero, aún estrujando mi mente mientras intento plasmarlo en palabras me veo incapaz de encontrar las acertadas. Aprendí a sonreir. Tuve un buen maestro. No puedo decir nada más. Au revoir.

Perdón, será mejor un Hasta luego.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Demolición

Sí, ha sido el periodo más largo sin escribir una mísera palabra en este blog, sin descorchar mi alma por estos rincones. Y lo siento, pero es que quizá ha sido el periodo más feliz que he vivido en mucho tiempo y si me pinchabas, no salía sangre, sin más. Pero ahora parece que vuelvo a necesitar un torniqete antes de derramar toda la vida por las arterias de mi salud mental, que va de capa caída. Volveré pronto, quizá demasiado, a desangrar mis miserias en esta pantalla, a reajustar mi mecanismo interno.

Nuevamente, lo siento, pero necesitaba olvidarme de mis fantasmas por un tiempo. Había aprendido a sonreir.

viernes, 13 de agosto de 2010

Un punto

Hoy es uno de esos días en los que necesito que el papel me ayude a cicatrizar heridas. Lastimosamente, nisiquiera el papel parece estar de mi lado. Quizá nunca me había enfrentado a una situación así, y estoy en uno de esos momentos de la vida en los que uno cree que nada, absolutamente nada de lo que está haciendo, tiene sentido o va a navegar hasta un buen puerto. Me gustaría dejarlo todo, sobretodo la razón, hacer caso al instinto e irme un año lejos de aquí.

Quince días de viaje me han enseñado que lo que importa en esta vida son las personas. Lo material, los caprichos, los planes, el futuro, el pasado... es todo vanal. Por todas partes la gente se preocupa exclusivamente de aquello que posee, y no se da cuenta de que lo más importante no se puede poseer: su relación con los demás. No en todas partes hay dinero, ocio o negocios, pero sí hay personas, y ellos sí son verdaderamente especiales. He conocido a cientos de preciosísimos individuos, con unas vidas tan lejanas, dispares, y a la vez tan paralelas, y he vuelto a mi lugar de origen con la intención de profundizar más mi relación con los demás, de aprender de sus vidas, de cimentar mi relación con ellos, de dar más de lo que recibo, pero la relación que más importa ha tomado ya el camino inverso. No encontraré papel ni tinta que solucione eso en mucho tiempo.

El ser humano es extraordinario, y extraordinariamente no me había dado cuenta de ello. Soy un ínfimo punto en el universo.

lunes, 9 de agosto de 2010

A corazón abierto

Te voy a contar las cosas como yo las veo:

...

No, creo que a día de hoy no está al alcance de mis manos hacerlo. Podría abrirme en canal y dejarte ver mi corazón ardiendo. Es todo lo que puedo, porque las palabras no me salen como lo siento. ¿Qué podría decirte que fuera verdadero? Mi organismo se ha acostumbrado a ti como al peor veneno, y ya no puedo escapar. Me has hecho reír, soñar. Qué mas dá si todo acaba ya. El tiempo ha corrido por delante de nosotros. Hagamoslo facil, firmemos treguas con el destino y cuando las agujas dejen de correr en la esfera de la distancia, cuando se canse el minutero de la ausencia... hablaremos de nuevo. Quizá entonces esté en mis manos decirte las cosas como yo las veo. Quizá no. Te quiero.

viernes, 23 de julio de 2010

Trotamundos

Ahora sí, por fín llegó el día en que abandono esto realmente por un buen lapso de tiempo.

Por delante: 16 días, 12 ciudades, 5 idiomas, 4 países, 2 monedas, 1 ilusión.

Y es que me voy de..
¡INTERRAÍL! :D

Un beso y, hasta la vuelta, ¡buen verano!

martes, 20 de julio de 2010

Descubrimiento

-Es como esa pequeña sensación de que estás descubriendo el mundo.

-¿Como cuando Colón llegó a América?

-Mmm, no del todo. Esto es mejor, porque donde llegas aún no hay nadie. Cuando Colón llegó a las Américas estaban los nativos.

-Pues es una pena que no sea como cuando llegó Colón al nuevo mundo.

-¿Por qué?

-Porque estaba deseando hacerte la guerra, conquistar los rincones de tu cuerpo, exterminar a mordiscos las pecas en tu piel, llevarme el oro de tus labios y la plata de tus ojos y al final caer rendido a tus piés.

-De acuerdo, pues es como esa pequeña sensación de que estás descubriendo el mundo, con nativos y guerra y muerte y destrucción.

jueves, 15 de julio de 2010

FIB 2010

Nuevamente voy a festivalizarme, ¡hasta el lunes! :)

p.s. Y a ver a TheSundayDrivers por última vez en la historia.

viernes, 9 de julio de 2010

Calor

¿Sabes ese olor a verano que corre moviendo los piés de los manteles, las sábanas que cuelgan de las camas deshechas y las cortinas que vuelan por el quicio de las ventanas? Es esa brisa de color trigo tostado que parece arrastrar el tiempo y acariciarte el alma. Me encuentro sumergido en ella. Y me aletarga los sentidos y me hace quedarme en la cama deshecha más allá de la frontera del sueño para imaginar que me tocan tus piés descalzos, que me acaricias la nuca con los labios, que la yema de tus dedos dibuja besos en mi espalda...

¿Sabes todo lo que te quiero decir? No sé expresarlo del todo con palabras, no encuentro diccionarios que hablen de ti, del verano y de tu presencia fantasmal en mi colchón... Nunca me había alegrado tanto de que hiciera este calor que enferma mi mente y me hace creer que estás aquí. Y ni los remojones de agua fresca, ni el canto de los gorriones ni las tardes a la sombra leyendo Becquer en la hamaca me hacen olvidar el tacto de tu cuello, de tu vientre, de tu espalda, ni el olor de tu sonrisa, o el color de tu mirada. ¡Bendito bochorno!

domingo, 4 de julio de 2010

Gracias

Por haberme susurrado tantas cosas bonitas que nunca ningunos labios se atrevieron a decir. Por haber pensado más en mí que en ti. Por haberme dado en tan breve lapso de tiempo todo lo que pudiste sin esperar nada a cambio. Por haber respetado mis palabras, opiniones, espectativas y decisiones, pero más aún por haber respetado mis silencios, mis ambigüedades y mis dudas. Por haberme abierto las puertas de tu mundo, de tus gentes, de los colores y sabores tras la fachada de una persona que resultó no ser como esperaba. Gracias, mil gracias.

Por haberme hecho sentir buena persona, por primera vez en mi vida. Sé que no es tanto como mereces, pero es más de lo que nunca he conseguido decir.

Y aún así, aunque me hayas querido ensalzar, sólo sé que nunca llegaré a tu altura, por muchos saltos que dé intentando tocar el cielo con la yema de los dedos, ese cielo que cuelga de tus labios.
Disfruta de lo que te depara, te lo mereces. Eres ESPECIAL.

jueves, 1 de julio de 2010

Reflejo

Cuando te miro a los ojos veo una persona triste y apagada. A veces me sorprendo al encontrar una amplia sonrisa debajo de ellos. Parece mentira que tengas dieciocho años, con tantas arrugas como hay en el brillo de tus pupilas.

Acabas de descubrir el mundo, y te lo estás comiendo a bocado limpio, antes de que le de tiempo a reaccionar y te muerda él a ti. Lo haces sin malicia, sin segunas intenciones, pero no siempre todos pueden llegar a comprenderlo. Por eso te añades capas, y vas ocultándote y haciéndote más lejano, más seco. A veces es bueno, porque cuando llega alguien con la curiosidad y el valor suficientes para desnudarte parte por parte, descubre debajo de tantos muros un mundo totalmente en contraste con el que vendes, con el que pronostican, con lo que la sociedad cree que [debes] eres.

Pero la sombra del qué diran no era tan larga como esperabas, la cruzaste sin apenas darte cuenta hace demasiado tiempo, al mismo tiempo que dabas cuerda a tu mundo interior y rienda suelta a tus más oscuros deseos. Ahora han visto la luz ¡y vaya luz! Esa que escapa de tu retina y le ha ido añadiendo edad y madurez a tus pensamientos a pesar de que le hayas vendido al mundo tu cara de niño bueno que dejó de sufrir los estragos del tiempo y se olvidó de la cara oscura de la vida.

Me consuela, al menos, que las arrugas de tu mirada acomoden esperanzas, ilusiones, aprendizajes y reflexiones profundas, que tus párpados constituyan el marco invisible de normas y juicios que ponen límite a lo que otros ven como impulsivo, que tengas los piés en el suelo aunque el cuerpo amenaze inestable con caer sobre las espectativas del resto, que sepas lo que eres debajo de todas esas capas a pesar de que son las dos de la madrugada y estás hablándole a tu reflejo en el espejo.

domingo, 27 de junio de 2010

Sorpresas

Anoche me sorprendí a mí mismo. Tras una conversación en la que cada intervención se había perfilado como un filo oxidado y cortante, cerré las puertas al mundo y me acosté deseando mojar la almohada con un mar de lágrimas mal lloradas por un amor recientemente descubierto como no correspondido, no mantenido, no cuidado. Y he de reconocer que yo mismo hilé alguno de los tejemanejes que descuidaron dicho cariño, que lo dejaron de mantener por milésimas, pero en ningún momento contribuí a las falsas esperanzas como sí hizo el enemigo al otro lado del campo de batalla, la táctica más detestable de las que se usan sobre las sábanas.

Sin embargo, cuando abracé el colchón y apagué la luz sucumbiendo al silencio, me sorprendí no llorando por mi pequeña desdicha del día, sino por ser tan egoista. Por permitirme sentirme desgraciado por un amor no correspondido, por un tachón en mi libro de vida, cuando la biografía de la mayoría de las personas de este mundo se compone en exclusiva de tachones, borrones, rasguños y vueltas atrás. Sentí que no merecía la pena llorar por un nubarrón insensato en mi horizonte, y lloré por el Sol y las estrellas que se dibujaban tras él. Lloré por el Tercer Mundo, por el hambre, la miseria, la pobreza, y no recordé más a esa persona hasta que se secaron mis lágrimas y comprendí que había llorado por todo menos por sus palabras.

Anoche me sorprendí a mí mismo porque, en un momento en el que, como acostumbro, me hubiera puesto delante de todo y ante todo, cogí a la humanidad y la coloqué por delante de todos mis caprichos, y me sentí lleno, y agradecido.

martes, 22 de junio de 2010

Ciudad gris

Domingo, 1 de agosto, 1915

Ya han pasado más de dos meses desde que llegué a esta maldita mancha en el Adriático. Te he escrito todos los días porque no tengo nada que hacer fuera de las cuatro paredes de este cuartucho de hostal, con una cama, una mesa y una pequeña ventana desde la que se ve el mar y por la que se cuela el salitre y se me pega a la piel dejándola salada como cuando acabábamos de hacer el amor. Y entonces me acuerdo de ti y las noches se alargan como un páramo sin sueños.

La ciudad es un tejemaneje de industrias grises y fantasmas. La gente camina del trabajo a casa y de casa al trabajo. Aunque se suponga que es el último rincón del continente en paz, lo cierto es que parece que la guerra pese más que en pleno centro de la batalla. El miedo se cierne sobre los tejados y dibuja sombras en la mirada de los transeúntes. Aún así, en el bar que hay en la planta baja del hostal se puede oir a la banda de músicos que venía en el barco tocando animadas melodías a todas horas y en el resto de locales la gente aprovecha para soltar todas sus sonrisas censuradas durante el dia y brindar en torno a partidas de dados o apuestan en peleas de gallos.

En resumen, una ciudad insípida con sus ruinas y miserias, como si me hubeira quedado en Londres, pero con menos habitantes y con el salitre el del mar en lugar del sabor de tus besos. Hoy ha llegado un comunicado del frente, dicen que el escuadrón de tu marido se va a instalar en Lurthana, la capital del país, ojalá vengas con él. Sé que no podré tocarte, pero me conformaré con acariciarte con las pupilas...

domingo, 20 de junio de 2010

Despedidas

No sé muy bien cómo han llegado hasta aquí, pero se han plantado delante de mi vida y han echado raíces donde antes había hormigón. No habrá manera de arrancarlos, pero el problema es que no los quiero echar yo. Sus sonrisas y, cuando todo estaba oscuro, haber oido su voz. Su compañía, incluso cuando más solo he estado. Su comprensión, cuando ni yo entendía qué quería de mí. Las lágrimas amargas que más dulces me han sabido en la historia. ¿Qué más puedo decir? Tendría que dejar hablar a la piel, que contara como es eso de ponerse la carne de gallina al haber notado que se llevaban una parte de mí a sus nidos, y debería hablar también ese rincón de mi cabeza que me repite constantemente "serán sólo unos meses" y así autoconvencerme de que después volverán.

Juro que estos meses os voy a odiar con todas mis fuerzas. Por haber permitido que llegara este momento y haberme hecho pasarlo tan bien. Y así, cuando llegue septiembre, no me quedará más que cariño para otros nueve meses de amistad.

viernes, 18 de junio de 2010

Presentimiento

Tengo el presentimiento de que ahora que todo debería haber ido como la seda, algo va a salir mal. Algo realmente gordo va a volar por los aires y me va a golpear en la cara amarga de la vida, y en la dulce, y las va a volver agrias a las dos. Pero ¿sabes? Tengo el presentimiento de que va a resbalar por mí como un hielo sobre el Sol y voy a explotar con ello y a desintegrarme y a convertirme en polvo de estrellas. Y para cuando algún vagabundo haya recogido todos los pedazos y me haya reconstruido, habré encontrado la sonrisa de emergencia que escondí para estos casos y se la escupiré en las narices a la vertiente oscura del destino.

Porque ya ha habido demasiadas caídas sin opción a levantarse y demasiados tropiezos con distintas piedras repetidas y reiterativas. Porque tengo el presentimiento de que no voy a presentir nada y de que voy a estrellar la nuca de mis sueños en la acera de los miedos para que salga la sangre y flote y suba y suba hasta la cresta de las olas de este mar tan negro, y allí forme la espuma que me retenga en el universo, aislado de todo, feliz, por unas milésimas, para volver a hundirme en las ciénagas de este planeta mundano e inmundo en cuanto mueran mis deseos.

Preferiría que no pasara nada de eso, pero no hay remedio: soy un iluso amante de lo triste, y me gusta el sabor amargo de tus besos (ese que me hunde en tus océanos, que me ahoga entre tus cienos). Deseo que todo salga mal, y ser polvo de estrellas perdido, y tú el vagabundo que recoja y reconstruya mis sueños.

jueves, 17 de junio de 2010

Remiendos

He cometido demasiados errores, sin pensar, sin juzgar, sin soñar. Y no hay más que decir. Se ha acabado el tiempo de los silencios, he dado sepultura al blanco y negro y ya siento ese cosquilleo en la suela de los piés...

El aire que entra por el balcón, los rayos de sol quemando la fachada, el canto de los pájaros muerto sobre mi colchón, y optimismo convertido en filosofía de una vida rota y descosida. Porque la vida me brindó una aguja con la que cosí mi sonrisa, antes un boquete desgarrado en la superficie de un rostro en technicolor, falseado, y la fijé a los carrillos para que no se dejara caer por cualquier soplo en contra de las corrientes del mundo, para poder seguir caminando hacia el oeste mientras el planeta gira en dirección contraria.

Y ya he pateado las aceras de esta ciudad y puedo caminar bajo la lluvia sin que cale en mi mirada, que sigue teniendo ese brillo que a muchos asusta, que sólo tú comprendes, que lo es todo. Y nada a la vez... no hay más. Cosquillas en la suela de los piés para aprender a volar por encima de los errores, y me enredo en las sábanas, a intentar soñar nuevamente (con el sol desmigajado sobre la cama, con el hilo del corazón perdido por los suelos, con la sonrisa que se sube por las paredes y los cantos de los pájaros perdidos en el tiempo...).

sábado, 12 de junio de 2010

Spärvitce

Lunes, 24 de mayo, 1915

He surcado los mares durante cuatro días. La playa de Ancona, Italia, desde donde partimos no estaba tan lejos, pero nos aconsejaron ser prudentes frente a la inestable Costa Dalmata y eso, sumado a la tormenta, hizo más dificil y largo el viaje. A bordo no había nada destacable: doscientos americanos, dos orondas rumanas que vendían canarios, una banda de música que tocaban tristes melodías que me recordaban a cuando te conocí en la embajada en Beirut, un limpiabotas al que le faltaba un brazo y le debía sobrar el tabaco, pues fumaba dos pipas simultáneas para dibujar después sus sueños rotos con el humo, la tripulación, mi cámara y yo.

Era el único periodista a bordo, al parecer el Europe Herald se había adelantado al resto de medios y a la guerra incluso, pues me enviaba a fotografiar el que, decían, sería el centro decisivo de esta guerra: Orovaquia, un pequeño país que ocupaba en su totalidad la península de Koltova, un rincón más del macabro puzzle que formaba la costa de los Balcanes contra el Adriático.

Nunca había oido hablar de él, una micronación a punto de caer en manos de Yugoslavia, pero que se resistía. Una perla para Occidente en medio del campo de guerra. No iba ni a su capital, sino a Spärvitce, la única ciudad donde habían encontrado desde la redacción a alguien que supiera hablar inglés en aquél maldito lugar en el pescuezo del mapa. Y allí, que ya es aquí, he desembarcado hoy. Sé que el correo no sale de la península porque los ejércitos han cortado el paso de Dubrovnik a Podgorica, pero seguiré escribiendote lo que aquí vea, porque, aunque no te tengo cerca, siento que las palabras me hacen compañía cuando eres tu para quien las sueño.

jueves, 10 de junio de 2010

Un respiro

Aprovechando un breve lapsus en mi [hiper]apretada agenda, he decidido darle aire a esto. Llega el verano, huelo el salitre desde el balcón y escucho hasta el roce de las plumas de las gaviotas contra la brisa marina (y eso que vivo a kilómetro y medio de la playa), pero será fruto de horas de encierro y estudio masivo.

Mucha gente me ha comentado que escribo triste, que mis historias llevan irreversiblemente hacia un único fin: dolor, tristeza, melancolía y/e/o/u muerte. Quizá sea cierto, quizá halla reflejado exclusivamente las sombras de mi mente en las letras que sangro, pero me he prometido que, harto de tanta oscuridad en torno a apuntes y libros eternos, intentaré sacar las [escasas] luces que encuentre rondando mi masa encefálica, y exterminaré las dioptrías del pesimismo, en la medida de lo posible. Por lo menos, en verano (sí, hago trampa, porque viajaré mucho [por fín] y escribiré poco).

Aún así, no prometo nada, es triste, pero el dolor inspira más.

Gracias por seguir siguiéndome,
prometo que a la vuelta os leeré a todos!
:)

Miserias: el final.

Esta vez las instrucciones eran sencillas: Plaza de la Traición, a las doce de la noche. Era un rincón del centro histórico, iluminado por una sola farola que teñía de azul los adoquines negros y siempre húmedos de una plaza en decadencia, sin árboles, sin comercios, sin vida. Sólo una farola, mil adoquines, y la encrucijada entre cuatro calles con más historia que gloria.

Llegué con dos minutos de antelación, y fueron los dos minutos más largos de mi vida. Pensaba que los gatos se iban a asfixiar en tan largos maullidos, que la oscuridad se engarrotaría de abrazarse a las paredes tanto tiempo, que la Luna iba a descolgarse de su morada. La farola parpadeaba soñolienta y entonces hoy los pasos. Unos zapatos de tacón rojos aparecieron en la esquina con su caracterítico toc-toc-toc, banda sonora de un final abierto. Las largas piernas de mi víctima se veían níveas y contrastaban con la sombría elasticidad del tiempo, sus manos, su cuello, sus labios rojos... Núria.

No comprendí qué hacía ella allí hasta que en su rostro vi una mirada de decisión que no podía llevarla allí por casualidad. Nos miramos, nos medimos. En su mano tenía una navaja. Empezó a llorar. Caminó hasta mí y me miró con un odio que no era capaz de desentrañar.

-¿Qué haces aquí?

-¿Sabes?- Dijo entre lágrimas a unos centímetros de mí.-Nunca olvidé la muerte de mi novio. La venganza fue un dibujo que siempre estuvo trazándose en mi mente. Decidí que, si no podía con las sombras de mi pasado, me uniría a ellas. Sabía que había muerto por encargo, acudí a los que se cobraron su vida y les pedí saber quién lo había matado a cambio de todo el dinero que pude sacar de mis padres antes de que nos arrojaran a la fosa del olvido. Lo que nunca pensé es que los pasos me llevaran hasta ti.

Se me derrumbó el mundo. Ahora comprendí cómo podía tener una cita con mi víctima, pes era yo mismo. No había acudido a los cobradores, ellos habían venido a mí. Núria...

-Pero, cariño, era otro tiempo, yo... yo...-Las palabras se deshilachaban en mis labios.- Perdóname.-Pedí llorando mientras acariciaba su rostro. Y en ese instante pude ver en su rostro la bondad, el perdón y una luz más intensa que la de la farola. Ví la vida, vi a nuestro hijo, y con su beso comprendí que me perdonaba. Luego se giró y se llevó la banda sonora de sus tacones otra vez a la oscuridad, y yo me quedé en el centro de la plaza con el corazón atravesado por la navaja.

martes, 8 de junio de 2010

Revolver

Por fín. Por fín he sentido lo que tantos libros me habían contado y yo nunca había podido sentir en mi propia piel. He visto amaneceres quemando mi persiana porque no quería que llegara un nuevo día. He visto noches de darle vueltas a las sábanas, al colchón, al mundo y a mi cabeza. He visto las lágrimas más amargas de la historia, y las he saboreado con todo su polvo y las cenizas de otras lágrimas mejores.

Y me alegro, y me invadela tristeza al mismo tiempo. No sé si es bueno haber sentido toda la soledad que inspiró a las mejores plumas a escribir los versos más tristes cada noche, podría sentirme en el limbo del arte, uno más de todos aquellos héroes que protagonizaban las páginas de mi estantería repleta de melancolías. Pero tampoco sé si es malo.

La vida es progresar, caer y aprender a levantarse. Y yo caí realmente hondo, donde ni los abismos se atreven a meter sus sombras, y llegó un momento en que temía irme a dormir porque sabía que reflexionaría sobre todas las miserias que había tejido a lo largo del día, y miraba desconfiado a la almohada y prefería vivir en la ignorancia.

Hasta que encontré la solución, debajo de la almohada siempre guardé aquél revolver, aquél que nos dejó en herencia tu padre por que decía que esta vida es muy incierta y peligrosa, que nunca sabes qué fantasma te asaltará en las cuatro paredes de tu vida, que es mejor estar protegido y acabar de un tiro con los jirones del pasado. Y el fantasma era yo, y no dejé más que sangre y plumas del edredón flotando por la habitación.

domingo, 6 de junio de 2010

Miserias III

La relación entre Núria y yo había hallado su lugar entre las histerias y miserias de la vida, un pequeño rincón cómodo donde caminaba firme contra el viento. No sabría decir hacia donde iba, pero le tomaba la delantera al minutero del reloj y nos sorprendía en madrugadas abrazados el uno al otro en un nudo de sábanas sin que nos hubiéramos percatado del paso de la vida.

Sí, había olvidado. Creía que merecía una seguna oportunidad y, aunque el rostro de aquél jóven al que desposeí de sus latidos seguía protagonizando mis más macabras pesadillas, creía que podía encontrar la redención entre las piernas de Núria. Y la buscaba constantemente y ella me la ofrecía y el tiempo, tan vengativo, nos trajo lo que nadie esperaba. Tras once meses de intensa relación Núria estaba engendrando el fruto del miedo que nos había unido. Y yo temía que del miedo sólo pudiera nacer un monstruo, pero ella me convencía con su sonrisa de que todo iba a ir viento en popa y con sus canciones de cuna rota arrullaba mis temores.

Pero el pasado siempre vuelve y hay fantasmas que siempre estarán atados a nuestros grilletes y arrastraremos hasta la tumba aunque pretendarmos borrarlos de nuestra biografía. Cuidar a un niño necesitaba de dinero, de mucho dinero, la familia de Núria nos había cerrado las puertas hacía tiempo y mi madre ya había entrado en la vorágine de la enfermedad y tristemente sobrevivía a las cenizas de su juventud muerta.

Ya lo había hecho una vez, y sumar una sombra más a mi contrato con la Muerte no iba a empeorar las cosas. Sacaría dinero para cuidar al niño, para darle un futuro digno, para que tuviera un hogar lejos de las calles de la droga, donde no viera a los yonkis del ocaso ni sus jeringuillas, donde no supiera nada de morir y pudiera escuchar con su inocencia los vinilos de su madre.

Sería la última vez, ésta sería la soga que nos sacaría definitivamente del abismo.

sábado, 5 de junio de 2010

Miserias II

Se llamaba Núria. Era una de tantas más que habían caído en depresión tras la muerte de un novio drogado, o que conducía a máskilómetros de los que permite el contrato con la vida, o que había decidido meterse en una pelea de ricos más... sea como sea, nunca me contó qué había sido de él, ni importaba. Era una más de tantas en su situación. Nos conocimos en el momento idoneo.

Su ambiente cargado de gafas de pasta, pintas en garitos irlandeses y Vampire Weekend haciendo sangrar los oídos era lo más alejado de cualquier ambiente en el que me hubiera movido nunca. Igualmente, ella nunca había visto las calles llenas de jeringuillas ni los yonkis durmientes del ocaso ni las peleas de bandas en un barrio de cuya existencia nisiquiera se había percatado hasta conocerme a mí.

Fue en el centro, ese único punto de las ciudades en el que se pueden conocer gente que provenga del cerebro y gente que provenga de los piés, como un corazón internodal que conecta las tragedias con las comedias en el organismo de la vida. Aún así, nosotros éramos dos tragedias en busca de una comedia inexistente, y lo único que teníamos en común habian sido las drogas. En mi caso, se esnifaban con billetes de 5 euros, en el suyo, con billetes de 100, pero era la misma guerra luchada en diferentes campos de batalla.

Aprendimos a amarnos a pesar de desconocer el amor, y yo creía que incluso podíamos permitirnos el lujo de empezar a olvidar.

jueves, 3 de junio de 2010

Danza

Ella se levanta antes que el Sol para enfrentarse a horas demasiado largas, a veces, para el ser humano. Mira la ventana, sonríe a sus sombras (que es el mejor remedio para mantenerlas como lo que son y no como lo que podrían llegar a ser), y empieza un nuevo día. Un calcetín, el otro... siente en la punta de los dedos del pié como encierra bajo la tela toda la energía que le encantaría soltar de un solo paso de danza libertadora. Pero hay compromisos, y en la vida no todo es bailar (aunque en el baile todo sea vida).

Camina, a menudo el autobús no la espera y no le queda más remedio que andar por aceras a veces más largas que las horas, pero menos que sus pensamientos. Encadena a cada paso una mentira tras otra y se convence a sí misma de que no merece la pena seguir luchando, aunque en el fondo su corazón nunca se rendirá porque siempre queda entre la sístole y la diástole una voz que le dice que ella puede. Llega al final de su destino, echa en una fosa común de aprendizajes y conocimientos las horas más vacías de su día. Porque después viene lo demás: bailar y respirar, bailar y sentir, bailar y soñar, bailar y vivir.

Y gira 360º grados a su vida en el centro de la pista, y ya no importan las llamadas, ni las lágrimas derramadas. Gira nuevamente y de su pelo se descuelgan los problemas. Da dos pasos hacia el frente, adiós a las palabras hirientes, otro paso hacia el final, adiós a preocuparse nunca más, nuevos giros y en la música se difumina su verdad (o su mentira más voraz). Y es que cuando acaba de bailar, descubre por que se despierta cada día antes que el Sol. Sabe que es lo que le gusta, y sufrir sólo es el camino hacia la satisfacción.

martes, 1 de junio de 2010

Miserias I

Uno no sabe explicar el momento en que la desesperación te puede llevar a jugar con la vida de otro. En qué lugar de la [perversa] mente humana se esconde esa célula que se activa en un momento dado y contagia en cadena a todo el cuerpo hasta que éste decide matar. Sin más. Ese punto en el abismo que separa el civismo de la muerte, esa palabra que todos tememos, y detrás caen las hojas del diccionario presididas por sangre, pecado, ignonimia... y después todas las palabras que acaban en -cidio. Y a uno se le cae el alma a los piés, pero ya es tarde, porque la ha vendido por un cheque que no tiene devolución y que lleva al irreversible final de la vida propia.

Yo lo hice, tenía dieciseis años. Mi madre, viuda, trabajaba 16 horas para conseguir sustentarme a mí y a mis tres hermanos pequeños. El barrio no era más que bolsas y jeriguillas arrastradas por el viento entre aceras pintarrajeadas donde dormían los últimos yonkis antes del ocaso. Y yo, desesperado, no podía ver otro destino que el que había guiado a mi generación, muerta desde antes de nacer.

Los llamaban prestamistas, o banqueros, o gente de negocios. En realidad eran cuatro chavales envejecidos por la ambición que pagaban una buena cantidad a cambio de que mataras a quien quiera que se hubiese cruzado ahora en el camino imparable de los que mandan. Pobres matando por ricos para consumir la miseria que los ricos producen para que los pobres maten. Retórica hueca, pero real.

No sé quién era, sólo sé que en ese momento valía más mi dósis que su vida, aunque, he de decirlo, después de aquello enterré la pistola en la playa, lancé la heroína al mar y nunca más volví a ver una droga. Pero yo ya había pactado com la Muerte mi final.

domingo, 30 de mayo de 2010

Incomunicación

-Tú y yo apenas hablamos.

-¿Cómo que no? ¡Nos pasamos las horas hablando! Hablamos de todo, empujamos las agujas del reloj por delante del tiempo con nuestras conversaciones, aprovechamos cualquier motivo para hablar: el vuelo de un pájaro, el sonido de la lluvia sobre el agua, aquella tarde en que derribamos el cometa Halley, cuando aprendimos a ver el color de los besos, cuando me dijiste a qué olían las despedidas...

-No, tú hablas. Y yo escucho. Tu hablas de los pájaros en tu cabeza, de tus lluvias y tormentas mentales, de cometas que sólo giran en tu órbita, de besos que sólo tú te das y de despedidas que nunca creíste que sucedieran, pero ¿sabes? Ésto es una despedida. Me he cansado de tu berborrea, confundes hablar con ese discruso centrado en tus miserias y que no tiene interrupción. Aquí no hay solución, no hay conversación, en tu mundo sólo existes tú y yo no puedo seguir desgastándome donde no hay espacio para mí, prefiero una vida sin ti.

-¿Cómo va a ser una vida sin mí? Eres demasiado callado, por eso tengo que llenar tus silencios.

-Siempre encuentras la excusa perfecta para justificar ese ego. Deberías haber aprendido a disfrutar de mis silencios como yo aprendí a la fuerza a disfrutar de los recovecos entre tus palabras, donde creía encontrar el espacio para mí que tu corazón no me daba.

jueves, 27 de mayo de 2010

Jóvenes

Si ha llegado el fin de nuestra hora tendremos que reinventar el mundo. Porque somos el fruto de desconocer que es el miedo, los charcos de la sangre que derramaron otros por nosotros, las rosas vendidas con correctas dosis de anestesia para que no notemos las espinas, los perdones sin lamentaciones, las palabras huecas, sin sentido, el aire que arrastra humo y mentiras, los fantasmas de las guerras pasadas, los consumidores... ¿o los consumidos?

Nos venden en todas las esquinas que el mundo inmundo nos deborará antes incluso de que podamos plantearnos hacerlo nuestro, que nisiquiera compraremos los sueños emprendedores que otras generaciones tuvieron, que hemos nacido para ser marionetas meareadas, muñecos de trapo e intentos de triunfo, un triunfo que significa éxito y felicidad, algo que no conoceremos jamás.

Por eso me gusta más mirar al cielo que al suelo, porque prefiero soñar con los pájaros del pasado que ver las enormes y puntiagudas piedras del futuro en medio del camino, y no por ignorarlas, y no por vaguedad, sino para aprender a volar y así esquivar las zancadillas que el destino y la sociedad disociada nos han tendido. Porque tendremos que reinventarnos, no hay más.

martes, 25 de mayo de 2010

Lagos

Cuando llueve, camino junto al lago del parque disfrutando de la música de las gotas de lluvia al golpear la superficie de ese tremendo espejo de agua que refleja el cielo gris y triste con un brillo especial que hace que todo parezca sonreír entre lagrimas. Cuando sale el Sol camino entre los árboles para que no me ilumine mucho el rostro y así evitar la tentación de sonreirle al mundo. Disfruto interpretando el papel del extraño del parque que nunca sonríe. En esos días el espejo del lago refleja la tristeza del cielo convertida en un azul intenso que pone los pelos de punta, y más en otoño, cuando el llanto de hojas rojas se recorta en la superficie formando un macabro puzle bicolor en el que acostumbro a imaginar tu rostro. Se trata de un lago tenaz: en verano nunca baja su nivel y se regocija siendo surcado por las barcas de los jóvenes enamorados que dibujan parejas de iniciales sobre el agua como si de compases divinos se tratara, y en invierno no se congela, como retando a la vida y al espacio, reivindicando su eternidad y protegiendo así hojas rojas e iniciales paralizadas en el tiempo, que en primavera se llevarán volando los gorriones con sus primeros vuelos tímidos. También voy al parque por las noches, y es cuando más lo disfruto, porque entonces el lago no refleja nada, y lo refleja todo a la vez. Su inmensidad negra me recuerda a la perfección cómo me sentí el día en que la cuenta atrás llegó a su fin, el primer día en que no salí del hospital empujando tu silla hasta la orilla del lago del parque situado en frente del edificio, el primero de una eterna serie de días en que empecé a ir sólo a aquél lugar, con la urna que contiene tus cenizas, esperando el momento en que me atreva, por fín, a arrojarlas al agua y dejar que dibujen sobre el lago suspiros, estrellas, satélites, cometas y otros universos que sólo tú me enseñaste a soñar.

domingo, 23 de mayo de 2010

El destino va a cumplirse.

Porque yo soy otro de los que esperan taquicárdicamente el final. LOST

sábado, 22 de mayo de 2010

Hasta aquí

Hasta aquí ha llegado el camino de piedras y desplantes sin motivos. Hasta aquí el que crezcan más plantas de desconfianza en la suela de nuestros días, regadas con la rabia y los silencios, y los ¿Por qué? y los ¿Dónde? y ¿Con quién?. Ya está bien de preguntas que ni tú deberías hacer ni yo debería contestar. Hasta aquí los procesos de inmersión expansiva y la muerte de las palabras en el puente entre tu boca y la mía. Hasta aquí las dudas, las medias sonrisas, las suspicacias y los ¡Muérete! callados que giran en una vorágine de hastío tras nuestros ojos apagados. Hasta aquí los muros de esta habitación y nuestros cuerpos espalda contra espalda, el encierro en vida, la oscuridad y la gama de grises de nuestro corazón. Hasta aquí las mentiras, hasta aquí las verdades, y hasta aquí Tu y Yo. Hasta aquí los hasta aquí.

Seamos nubes, no más.
Probemos a olvidar.
Empecemos a volar
(en direcciones opuestas).

jueves, 20 de mayo de 2010

Girar

Dame tu mano, voy a contarte la historia del mundo:

¿Sabes de ese señor que se sienta todas las tardes en el parque de la Gran Avenida y le da de comer apesadumbrado a las palomas, cuando llegan las cinco sonríe levemente, mira al cielo, se levanta y se va hasta el día siguiente? ¿Y la de esa mujer morena que camina envestida en un elegante traje de falda, con los labios rojos como la sangre, fumando elegantemente tabaco negro mientras da vueltas nerviosa al parking del aeropuerto y cuando oye despegar el vuelo de las cinco, sonríe, y se va hasta el día siguiente? ¿Sabes la historia de aquél niño que al salir del colegio se va con su balón verde a la playa y juega sólo hasta que el Sol, apunto de hacerle el amor al horizonte, le indica que son las cinco, sonríe y desaparece hasta el día seiguiente?

Son el padre, la esposa y el hijo. O podrían ser el jefe, la amante y el alumno. O hermanos, o cuñados, o suegros, o amigos, o compañeros. Son personas a las que alguien les faltó a las cinco y les marcó el resto de sus vidas. Y las hay que les faltó a las seis, y a las siete, o a las 12, la 1 o las 3... Los hay que les han faltado en días pares, y los hay que solo lloran los impares... Pero a todos parece hacerles ilusión recordar que, ahora que la sociedad a matado a Dios y le ha dado al consumo su omnipotencia, en algún lugar a las cinco (o a las seis, o a las siete...) alguien les mira y les cuida, les guía y les da la vida que nunca pudieron acabar de vivir.

Dame tu mano, voy a contarte la historia del mundo: unos mueren y otros siguen vivos, unos nacerán y otros nos iremos, pero el planeta seguirá girando y las historias cotidianas son las que le dan cuerda a su motor para que el ser humano pueda seguir siendo maravilloso.

martes, 18 de mayo de 2010

Mundos

El miedo a que no te comprendan, a que tu mundo interior sea demasiado complejo para hacerlo visible y que el mundo real explote. El miedo a que crean que estás loco, que sientes cosas inverosímiles, que nisiquiera lo más marginal de la sociedad va a aceptar tu propia marginalidad lunática que ha crecido en tu interior como un arbusto aferrado a los pulmones e impidiéndote, demasiado a menudo, respirar. Ese miedo que se esfumó derrepente tras aquella tarde.

Quién sabe, quizá sólo necesitabas oirte a ti mismo en voz alta, escuchar de tu propia voz todas tus miserias y no hacerlas rodar insaciablemente en torno al eje del corazón haciéndolo expirar con cada sístole, y desangrarse en las diástoles, y morir. Quizá no necesitabas que nadie te comprendiera, sólo comprender tú mismo que tu mundo es así de complejo porque no te has conformado con lo simple, con lo dado, con lo fácil. Con lo que todos esperaban de ti.

Hay tantos mundos como personas, y todos deberían girar en torno a las palabras como aquella tarde en que se rompió el eje de tus recuerdos y se esparcieron libres por el suelo de la habitación. Y por fín enterraste ciertos fantasmas. Y por fín te permitiste el lujo de olvidar...

domingo, 16 de mayo de 2010

Vejez

Cuantas lunas llenas han pasado desde aquella noche en que nos ostinamos en mantenernos abrazados sobre todas las cosas, y no he gozado del don de olvidar. Los años han sido benévolos contigo y sigue brillando una adolescencia impertinente en la luz de tu mirada, pero yo siempre corrí por delante del tiempo, y al final me alcanzó ese noviembre eterno del que todos huímos y que transforma los huracanes de nuestro cuerpo en brisas de lluvia y hojas arrastradas hasta el suelo. Y ahora, abrazado al diario que escribimos en el firmamento, que no huele más que a polvo y flores muertas, pretendo recuperar todas las sonrisas con las que rompimos a pedradas las farolas de la lógica, del civismo, de lo políticamente correcto. Todos esos suspiros con los que escribimos nuestras propias normas, más allá de las fronteras de las yemas de mis dedos. Y ahora, notando cómo las arrugas trepan desde las uñas de los piés hasta mis labios, no tengo más remedio que esconderme, y avergonzarme de que los años me hayan castigado por querer vivir en tan poco tiempo contigo toda la intensidad de una vida.

viernes, 14 de mayo de 2010

Multitudes

Gente por todas partes. Y música. Y olores. Y colores. Todo multiplicado a la quinta esencia, ayudado de la mano del alcohol. Extrasociabilidad: saludar a gente frente a la que te avergonzarias, conocer gente con la que nunca has hablado, llegar más allá. Bromear, como si fueran amigos desde el momento en que llegamos desnudos al mundo (y digo desnudos de prejuicios, que de ropa podemos desnudarnos siempre). Saltar, bailar, gritar, cantar, reir... conjugar todos los verbos de la élite de la diversión y concentrarlos en unos pocos segundos, minutos, horas. Dejar de ser yo, evadirme de mi persona. Hacer mil cosas que nunca haría si no se diera esta ocasión, mil cosas de las cuales la mitad absurdas y la otra mitad, peores. Corretear buscando a gente, deseando ver caras conocidas, y hasta que no llego a casa no me doy cuenta de que sólo buscaba una cara, a una persona en concreto, a la única que no he encontrado.

No había pensado en ti en todo el día, que me estaba pareciendo perfecto, y al meterme entre las sábanas me doy cuenta de que el día ni ha sido perfecto ni ha merecido la pena, porque sólo era un pretexto para encontrarme contigo, y no lo he hecho.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Requiesquiebat


SO WHAT! Se van unos grandes de la música.
Siempre ON MY MIND.
EVERYTHING will REMIND ME OF YOU.
Ha llegado THE END OF MAIDEN TRIP,
pero siempre, DO IT, SMILE y
SING WHEN YOU'RE HAPPY, que os lo mereceis.
LIFE IS maravillosa, SPECIALLY gracias a vosotros,
entre LITTLE HEART ATTACKS,
GOODBYE, LOVE OUR LOVE.

TheSundayDrivers :)

lunes, 10 de mayo de 2010

Post-humanidad

Tenían un puñado se sueños y se dejaron la vida en ellos. Allí están todos, con sus sonrisas en sepia, posando junto a la triste placa para conmemorar el medio siglo desde la muerte de Álex.

A la derecha del todo, Rober, con una larga barba blanca como la que un día tuvo su abuelo, aquél que tantas veces le dijo que dejara las cosas como estaban, aquél que le impedía volar y que tanto odiaba, y cuya barba hoy luce con orgullo después de que el anciano se plantara en medio de la avenida frente a todos aquellos tanques y paralizara el mundo.

Bajo él, en cuclillas, Simón, supera los 60 pero le gusta demostrar que está en plena forma como cuando rompía las lunas de los coches patrulla y salía huyendo por toda la ciudad. Se quedará en esa postura mucho después de la foto, esperando a que nadie lo mire para levantarse entre dolores y reúma.

Junto a ellos, en pié, Ari, que aún lleva un clavel negro colgando de su mano izquierda, como aquél que llevaba cuando se unió al movimiento en honor a sus padres, fallecidos los dos en aquél atentado tan célebre. Todo su cuerpo viste el luto de una vida de dolores y otoños eternos, menos su mirada, que no ha envejecido con los años.

Sentados, los gemelos: Primo y Levi. Aún a su edad todos siguen sin saber sus verdaderos nombres ni cual de los dos es cada uno. Les gustaba intercambiarse para confundir a los amigos, y a los enemigos, sobre todo cuando fichaban a alguno de los dos (hay quien dice, de hecho, que para lo archivos policiales siempre fueron la misma persona).

Tras ellos, Susana, la lesbiana. Nunca amó a una mujer, pero le gustaba provocar a las autoridades. Los tatuajes de su cuerpo se han multiplicado a mayor velocidad que los años y en su cara aún posee esa sonrisa rebelde que le acarreó tantas palizas en prisión.

Cerrando el cuadro, Rafael, el hermano de Alex, antiguo agente, que siempre tuvo un pié fuera y otro dentro de la rebelión, pero, a pesar de todas las ampollas que levantó en el grupo, los salvó de todas las gordas, como decía Sara, la novia de Alex, que aparece abrazada a Rafael, ahora su marido, con su pelo aún largo y rubio ondeando al viento y el cuerpo que tantas veces pintaron desnudo los intelectuales del movimiento. Un símbolo de la libertad.

Habían sobrevivido a la gran guerra, al cataclismo nuclear, al fin del mundo que todos vaticinaron.. con quince años habían revolucionado su mundo, habían conseguido cambiar el ritmo de la historia, y aún así, pese a las dictaduras y las represiones, allí seguían los ocho, sonriendo y luchando con los puños cerrados por los sueños de Álex cincuenta años después.

Porque nada cambia, todo gira, y vuelve a empezar.