No escribiré, ni de lejos, el tipo de cosas que escribo aquí, pero si quereis pasaros, haceros seguidores o lo que querais, sois más que recibidos. Herr Talot, mi primer proyecto como periodista.
A partir de ahora caeré más por ahí que por aquí (hay que empezar a abrirse hueco en la vida de las personas mayores).
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domingo, 18 de marzo de 2012
lunes, 9 de enero de 2012
Sobre
...el espacio, el vacío, la levedad, el blanco (o negro, no sé). Sobre _ .
Es curioso como se puede dar la situación de que con tan sólo 20 años hayas pasado ya la cumbre de tu existencia. Los psicólogos clasifican dicha cumbre como un momento en que el ser humano se da cuenta de hasta qué punto es intranscendental su existencia, dada entre los 27 y los 33 años más comúnmente, y es tras la cual se asientan las ideas y la personalidad del individuo, así como sus objetivos vitales. Es conocida como crisis de los 30 (para algunos de los 40), y también coincide con la edad donde más común es el suicidio. Me pregunto si se puede vivir la crisis de los 30 a los 20. Yo al menos no me puedo sentir ya más instranscendente, impotente y a la deriva.
Con todo lo que tienes, con lo lejos que has llegado tan joven, con la gente que te quiere... Y otras mil frases como estas se repiten cada vez que intento explicarle a alguien el origen de mi apatía con el mundo, de mis ganas de morir, de desprenderme de la pesada carga que supone tener que irse a dormir cada noche y darle mil ciento y una vueltas a la cama antes de atrapar el sueño pensando en todos los sueños que nunca atraparás. De qué sirve tener tantos estudios, viajar tanto, saber tantas lenguas, leer tantos libros, ver tantas películas y aprobar tantos exámenes si al final lo que te hace feliz en la vida te pasará un examen que no se puede aprobar ni con estudios, ni con viajes, ni con lenguas, ni con libros, ni con películas y se basa exclusivamente en lo rápido que es capaz de latir tu corazón para que la sangre no se te congele de tanto vértigo al ver su sonrisa aparecer tras la esquina. Y se puede escapar, así, sin más, porque con lo lejos que has llegado tan joven te has quedado demasiado cerca del cielo, has rozado el Sol con la yema de los dedos y ahora tus alas de cera se deshacen en el vacío.
Y así, te encuentras con veinte años dándole vueltas a un café que lleva veinte minutos frío, en medio de una cafetería en la que te has sentado de cara a la pared para no tener que ver al resto de personas sonriendo, pensando en cual será la forma menos dolorosa de morir, porque llevas tanto tiempo sin sonreír que en realidad la muerte intelectual ya se ha dado y no te asusta la nada, tan sólo el dolor que los últimos minutos puedan suponer para tu cuerpo inútil. Intranscendente. Sin objetivos vitales.
Es curioso como se puede dar la situación de que con tan sólo 20 años hayas pasado ya la cumbre de tu existencia. Los psicólogos clasifican dicha cumbre como un momento en que el ser humano se da cuenta de hasta qué punto es intranscendental su existencia, dada entre los 27 y los 33 años más comúnmente, y es tras la cual se asientan las ideas y la personalidad del individuo, así como sus objetivos vitales. Es conocida como crisis de los 30 (para algunos de los 40), y también coincide con la edad donde más común es el suicidio. Me pregunto si se puede vivir la crisis de los 30 a los 20. Yo al menos no me puedo sentir ya más instranscendente, impotente y a la deriva.
Con todo lo que tienes, con lo lejos que has llegado tan joven, con la gente que te quiere... Y otras mil frases como estas se repiten cada vez que intento explicarle a alguien el origen de mi apatía con el mundo, de mis ganas de morir, de desprenderme de la pesada carga que supone tener que irse a dormir cada noche y darle mil ciento y una vueltas a la cama antes de atrapar el sueño pensando en todos los sueños que nunca atraparás. De qué sirve tener tantos estudios, viajar tanto, saber tantas lenguas, leer tantos libros, ver tantas películas y aprobar tantos exámenes si al final lo que te hace feliz en la vida te pasará un examen que no se puede aprobar ni con estudios, ni con viajes, ni con lenguas, ni con libros, ni con películas y se basa exclusivamente en lo rápido que es capaz de latir tu corazón para que la sangre no se te congele de tanto vértigo al ver su sonrisa aparecer tras la esquina. Y se puede escapar, así, sin más, porque con lo lejos que has llegado tan joven te has quedado demasiado cerca del cielo, has rozado el Sol con la yema de los dedos y ahora tus alas de cera se deshacen en el vacío.
Y así, te encuentras con veinte años dándole vueltas a un café que lleva veinte minutos frío, en medio de una cafetería en la que te has sentado de cara a la pared para no tener que ver al resto de personas sonriendo, pensando en cual será la forma menos dolorosa de morir, porque llevas tanto tiempo sin sonreír que en realidad la muerte intelectual ya se ha dado y no te asusta la nada, tan sólo el dolor que los últimos minutos puedan suponer para tu cuerpo inútil. Intranscendente. Sin objetivos vitales.
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Chrístopher Talot
a las
15:18
sábado, 30 de julio de 2011
I love London
Una semana después de mudarme a la capital británica, he de decir que: en el metro hace viento y hay constantes avisos de bomba, las palomas son horribles pero lo suplen las ardillas, los supermercados bajan los precios conforme avanza el día y, por supuesto, se conduce en sentido opuesto. Pero fuera de los tópicos: me gusta Londres. Me gusta que la gente no te mire descaradamente te vistas como te vistas. Me gusta que la ciudad tenga tanta vida nocturna como diurna. Me gusta escuchar una veintena de idiomas diferentes al día en el metro. Me gusta que si te has perdido, cualquier desconocido está dispuesto a llevarte a casa o a sacar su android para buscar en Google Maps tu dirección y ayudarte a llegar. Me gusta que los museos sean gratis. Me gusta que la gente diga sorry y excuse me, sea respetuosa y amable. Me gustan los mil parques y zonas verdes, y tumbarme en el césped a las puestas de Sol. Me gustan los muffins por la mañana y los cafés king size. Me gusta enamorarme en cada esquina de la gente tan atractiva que anda por estas calles, smoothie en mano. Me gusta la música que se escucha en el Soho, y las luces en Piccadilly y el Tower Bridge al anochecer. Me gustan las campanadas del Big Ben discutiendo con las de Saint Paul. Me gusta Camden, porque sí. Me gusta Londres, porque también. Me gusta.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
15:07
jueves, 30 de junio de 2011
Sobre Valencia
Era un dos de septiembre de 2009. A Valencia se mudaba un chico del que no creo conocer nada ahora, alguien totalmente ajeno y diferente a mí. Las personas somos nosotros mismos y nuestras circunstancias. Circunstancias como esta ciudad, como su gente, como lo que aquí descubrí....
Me gustaría llevarme al norte su olor a jazmín en verano esparcido por Blasco Ibañez, a azahar en la primavera de Tarongers y a mojado en el otoño lloviendo sobre Serranos, a pólvora en marzo, a qué si no, y a salitre cuando el viento sopla de levante sobre Ayora. Cogería los adoquines de Ciutat Vella y los levantaría uno a uno para que en mi ausencia no pudierais caminar por ella. Me metería en un bolsillo su Sol bipolar, su Luna gigante y esa luz que incendia el atardecer en la Malvarrosa. Rompería uno a uno los semáforos de Colón para dejar su tráfico enloquecido en estado de espera. Me pasearía por Quart una última noche, cámara en mano, queriendo atrapar su silencio y su ruido, quedarme con el alma modernista de Cánovas en la memoria de los sueños, y facturar en mi avión todos los buenos momentos enterrados en un metro sin linea 2. También empaqueto mis lágrimas, esas de las que más he aprendido, a la sombra de la Lonja y el Mercat. A mimetizar los colores de Velluters, a asimilar el ritmo de amores a susurros en un tranvía perdido en Pont de Fusta y a cicatrizar en sus baches, montado en una bicicleta recorriendo la Alameda. Y ante todo, pondría en pausa a todos y cada uno a los que dejo aquí. Os echaré de menos, a algunos más de lo que creéis. Me gustaría que el año pasara y al volver esto siguiera como si nunca me hubiera ido, como si Valencia sólo existiera en mí y conmigo, que el Parterre siguiera en flor y la Seu presidiendo noches sin sueño a la brisa del verano, y aunque suene egoísta hablo desde un profundo suspiro que llevo días anudado en el estómago y me dice: has sido feliz.
Es un 30 de junio de 2011. De la ciudad se muda un chico del que comienzo a estar orgulloso. Me llevo estas calles en el corazón. Me dejo en ellas un sueño. Valencia, en un año nos vemos.
Me gustaría llevarme al norte su olor a jazmín en verano esparcido por Blasco Ibañez, a azahar en la primavera de Tarongers y a mojado en el otoño lloviendo sobre Serranos, a pólvora en marzo, a qué si no, y a salitre cuando el viento sopla de levante sobre Ayora. Cogería los adoquines de Ciutat Vella y los levantaría uno a uno para que en mi ausencia no pudierais caminar por ella. Me metería en un bolsillo su Sol bipolar, su Luna gigante y esa luz que incendia el atardecer en la Malvarrosa. Rompería uno a uno los semáforos de Colón para dejar su tráfico enloquecido en estado de espera. Me pasearía por Quart una última noche, cámara en mano, queriendo atrapar su silencio y su ruido, quedarme con el alma modernista de Cánovas en la memoria de los sueños, y facturar en mi avión todos los buenos momentos enterrados en un metro sin linea 2. También empaqueto mis lágrimas, esas de las que más he aprendido, a la sombra de la Lonja y el Mercat. A mimetizar los colores de Velluters, a asimilar el ritmo de amores a susurros en un tranvía perdido en Pont de Fusta y a cicatrizar en sus baches, montado en una bicicleta recorriendo la Alameda. Y ante todo, pondría en pausa a todos y cada uno a los que dejo aquí. Os echaré de menos, a algunos más de lo que creéis. Me gustaría que el año pasara y al volver esto siguiera como si nunca me hubiera ido, como si Valencia sólo existiera en mí y conmigo, que el Parterre siguiera en flor y la Seu presidiendo noches sin sueño a la brisa del verano, y aunque suene egoísta hablo desde un profundo suspiro que llevo días anudado en el estómago y me dice: has sido feliz.
Es un 30 de junio de 2011. De la ciudad se muda un chico del que comienzo a estar orgulloso. Me llevo estas calles en el corazón. Me dejo en ellas un sueño. Valencia, en un año nos vemos.
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Chrístopher Talot
a las
21:55
martes, 21 de junio de 2011
Sobre ellos
"No sé exactamente en qué momento de estos días tomé la decisión, o cual de todas fue la lágrima definitiva, la que le dio la vuelta al panorama y aceleró los latidos hacia el precipicio de la despedida..."
"Que esto no es un adiós, sino un hasta luego es algo que sé de sobra, pero que no consuela. La vida avanza y uno aprende que, tarde o temprano, el adiós verdadero llega, y a veces sin haberlo previsto..."
"Sé muchas cosas de ellos, y aun así nunca acabaré de conocerlos, y estoy tan seguro que metería la mano en el fuego sin quemarme y sin riesgos, porque riesgos y desventuras es algo que nunca he vivido a su lado..."
"No puedo sentirme sino orgulloso de gente que supera sus miedos y se sube a una montaña rusa a contracorazón, de gente que puede convertir un regalo a él en un regalo al resto, de gente que..."
He intentado escribir esta entrada hasta cuatro veces. Llevo pensándola incluso semanas antes de que llegara el momento. Simplemente, no puedo. Creo que ELLOS no caben en una entrada. No caben en un texto, ni en un blog, ni en una pantalla... No caben en una vida. Y voy a necesitar muchas para disfrutar de cada uno de ellos.
Les echaré de menos.
Lloraré. Las lágrimas amargas más dulces de mi vida. Un año más. Un año menos.
"Que esto no es un adiós, sino un hasta luego es algo que sé de sobra, pero que no consuela. La vida avanza y uno aprende que, tarde o temprano, el adiós verdadero llega, y a veces sin haberlo previsto..."
"Sé muchas cosas de ellos, y aun así nunca acabaré de conocerlos, y estoy tan seguro que metería la mano en el fuego sin quemarme y sin riesgos, porque riesgos y desventuras es algo que nunca he vivido a su lado..."
"No puedo sentirme sino orgulloso de gente que supera sus miedos y se sube a una montaña rusa a contracorazón, de gente que puede convertir un regalo a él en un regalo al resto, de gente que..."
He intentado escribir esta entrada hasta cuatro veces. Llevo pensándola incluso semanas antes de que llegara el momento. Simplemente, no puedo. Creo que ELLOS no caben en una entrada. No caben en un texto, ni en un blog, ni en una pantalla... No caben en una vida. Y voy a necesitar muchas para disfrutar de cada uno de ellos.
Les echaré de menos.
Lloraré. Las lágrimas amargas más dulces de mi vida. Un año más. Un año menos.
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Chrístopher Talot
a las
17:12
lunes, 18 de abril de 2011
Crismas rotas y esa pretensión inutil
Hay cosas que duele escribir. Pero me suelo poner al teclado de madrugada, y también hay madrugadas que duelen, que sangran. Madrugadas en las que creo odiar el mundo. Madrugadas misántropas en las que hago cenizas de mí mismo, y de los que están conmigo. Vuelvo a casa peinando las calles, fijándome en cada deshecho, en cada quimera y en cada persona con la que me cruzo. Pienso en sus vidas, y las siento llenas de cosas vacías, y a mí mismo, vacío de cosas llenas, en comparación. Es como si no pudiera vivir las cosas simples, como si necesitara siempre complicarme, intentar ir más allá de lo que se espera de mí, intentar desmontar pieza a pieza las convenciones y el porqué de las cosas, ver la cara oculta y la roña bajo la bonita alfombra que llamamos sociedad. Creo que mis sentimientos son suicidas. Enamorarse de quien se va lejos, enamorarse de aquello que odias, enamorarse de quien sólo se ama a sí mismo, enamorarse de alguien con quien sólo has tenido una noche de sexo. Enamorarse de quien no te va a corresponder, en definitiva. Y parece mentira que necesite el amor odiando tanto a los demás. Sus gestos previstos, sus discursos prefabricados y sus sentimientos presupuestos. Todos ansían cumplir con su papel como en una película, sacralizar lo cotidiano, elevar la mediocridad a la categoría de sobrehumano. Y en mí interior me río de ellos, y me siento mal por ello. Aunque sólo necesito un poco más de los demás, quizá una muestra de cariño, sentirme querido, apreciado, entrar en su juego desquiciado, no sé. A veces pienso que supongo que intuyo que creo que soy superior, y eso me hace sentir aún peor. En realidad los envidio, ojalá pudiera disfrutar de todo lo vacío, ojalá pudiera ser necio. Es en estas madrugadas cuando veo más atractiva la opción del suicidio que la de seguir fingiendo que estoy vivo. Nací muerto. No me malinterpreteis, necesitaba desahogarme, llorar todo esto, todo lo que a veces pienso. Creo que estoy fuera de juego en las normas de esta vida, simplemente. Me gustaría coger la crisma de la vida y partirla en mil trozos, por ser poético. Me gustaría partirme la mía, por ser realista.
Me suelo sentir misántropo. Pero seamos sinceros: no odio al ser humano, a quien odio es a mí mismo.
Me suelo sentir misántropo. Pero seamos sinceros: no odio al ser humano, a quien odio es a mí mismo.
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Chrístopher Talot
a las
1:09
domingo, 20 de marzo de 2011
El principio del fin
Acaban de terminar las Fallas, y una frase de ellas me ha hecho reflexionar. Ayer, entre tanto ruido, petardos, fuego, bullicio, bomberos, policías... alguien me dijo: "Si empezara una guerra aquí no nos daríamos cuenta", y es cierto que Valencia parece durante estas fiestas una batalla campal. Pero esa frase me ha hecho reflexionar sobre algo que llevo mascullando mucho tiempo: si hubiera empezado una guerra de verdad, tampoco nos habríamos dado cuenta. Lo que vengo a decir es esto: los países árabes se han revelado, la ONU ha intervenido en Libia, desde donde Gadafi anuncia que el Mediterraneo es "una zona de guerra", Venezuela apoya a Gadafi, un tsunami desplaza Japón cuatro centímetros en el mapa y se desata la histeria nuclear que trae un debate encarnizado a Europa, que se mira el ombligo acogiendo a los dictadores musulmanes huidos con los que empezaba la enumeración, Obama pretende hacer historia como todos sus predecesores, por número de países invadidos, y en Islandia la población ha derribado a un gobierno entero renunciándose a pagar su deuda externa con otros países y bancos occidentales y los servicios informativos no lo nombran en absoluto, para evitar que los civiles de otros países tomen ejemplo, la corrupción en los gobiernos democráticos aumenta estadísticamente y la salida a la crisis sigue sin vislumbrarse...
Es sólo un poco de todo lo que está pasando a nuestro al rededor. De lo que lleva pasando bastantes años: cuando no Libia, Israel; cuando no Israel, Irak; o la independencia de Kosovo, o los talibanes de Afganistán, o el terremoto de Chile, o el de Haití... Sea como fuere, cuando en un futuro se estudie la Tercera Guerra Mundial, la fecha que se tome como su inicio ya ha pasado. Puede ser el 11-S, la caída de las empresas.com o la Guerra del Golfo, pero ya hemos empezado, vamos a demostrar de qué es capaz el ser humano, vamos a acabar con nosotros mismos.
Es sólo un poco de todo lo que está pasando a nuestro al rededor. De lo que lleva pasando bastantes años: cuando no Libia, Israel; cuando no Israel, Irak; o la independencia de Kosovo, o los talibanes de Afganistán, o el terremoto de Chile, o el de Haití... Sea como fuere, cuando en un futuro se estudie la Tercera Guerra Mundial, la fecha que se tome como su inicio ya ha pasado. Puede ser el 11-S, la caída de las empresas.com o la Guerra del Golfo, pero ya hemos empezado, vamos a demostrar de qué es capaz el ser humano, vamos a acabar con nosotros mismos.
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Chrístopher Talot
a las
7:12
jueves, 10 de marzo de 2011
Journalismi
O lo que es lo mismo, 'periodismo' en suomi, la compleja lengua de Finlandia, país donde, desde hoy, sé que voy a pasar mi próximo curso.
Son buenas noticias, casi increíbles. La subasta, en la que objetivamente tenía pocas posibilidades, ha sido un acto circense con predecesores en la lista de adjudicación que han resultado ser personas drogadas, desorientadas o ausentes, o todo a la vez (y todo en sentido figurado). Los destinos en inglés han ido resbalando y cayendo en cascada a pesar de soler ser los más solicitados y así ha sido como mi primera opción en la solicitud, la ciudad de Tampere, ha llegado a mis manos. Un año que pasaré, además, en grata compañía, pues la otra plaza disponible se la ha quedado una gran compañera pero, sobre todo, amiga.
Y nada más, me apetecía compartir esta noticia. El año que viene seré menos periodista para ser más toimittaja. Y no nos preocupemos por lo complejo del finés, ¡que las clases son en inglés! (Aunque creo que el principal problema, más que el idioma, será el frío).
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Chrístopher Talot
a las
1:59
lunes, 7 de marzo de 2011
Odio...
...los días lluviosos. Y la gente que se salta los semáforos y los que dejan que su perro haga sus necesidades en la acera. Odio la gente que se queda todo el fin de semana en pijama, y cómo huele allí donde ellos están. Odio la gente que camina por el carril bici, y los que piensan que es el carril de pasear al perro, de aparcar la moto o de carga y descarga. Odio las aglomeraciones en torno a los partidos de fútbol, y la pasividad de las masas, y las opiniones fáciles. Odio la gente que promete la luna y cuando le das el Sol, desaparecen. Y odio a los que no son capaces de dar el primer paso, a los que nunca saludan primero y a los que creen que crece oro por donde pisan. Odio los que te acusan de ser materialista y tienen todos los gadgets 3G. Odio la prepotencia, y odio los padres que riñen constantemente a sus hijos por la calle, los tenderos bordes y las abuelas que critican sistemática y arbitrariamente a los jóvenes en el autobús. Odio las peticiones de amistad de gente que ni te saluda, la oposición barata y el etnocentrismo. Odio la gente que dice "Yo digo las cosas a la cara" o "Así soy yo, si no te gusta, no mires", porque suelen reflejar más falsedad e intolerancia que los que cambian palabras por hechos. Odio a los "punks" que hablan de música como iluminados, cantan letras de Heavy absurdas y llegan al éxtasis con melodías de Ska plagiadas pero no saben quienes son los Sex Pistols, el do it yourself y Bakunin. Odio la gente que no contesta a los mensajes, los "jajaja" vacíos y la gente que te mira raro porque no llevas de tono de móvil lo último de Guetta. Odio la soledad del alma, los taxistas que no saludan y el precio del menú en la facultad. Odio los profesores que dan demasiado por sentado, las ideas extremistas y los chistes a costa de la diferencia. Odio la televisión basura, las modas pasajeras y los 40 principales. Odio los ídolos de masas, los que infravaloran las letras y humanidades, y los que no te consideran in porque no tienes una BlackBerry. Odio los ni contigo ni sin ti, los no busco nada serio ni los te quiero demasiado tempranos.
Y odio odiar y, si por mí fuera, no lo haría. Pero a menudo es placentero y, aunque odie ser hedonista, me consumo, gustosamente, en ello.
Y odio odiar y, si por mí fuera, no lo haría. Pero a menudo es placentero y, aunque odie ser hedonista, me consumo, gustosamente, en ello.
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Chrístopher Talot
a las
1:00
viernes, 4 de marzo de 2011
Soledad y otras desdichas
Dicen que la soledad es un bien preciado. A quién la quiera, yo se la dejo a precio de ganga. No hablo de soledad física, por supuesto que no, estoy más que rodeado de gente amable y que me quiere. Es una soledad de una magnitud mayor. Es una soledad tan espesa que se palpa, que pesa, que arrastra tus entrañas y tira de ellas hacia el fondo y puedes sentir como se van todas por un desfiladero y, encima de solo, te dejan vacío. Me refiero a esos momentos en que te pondrías la canción más triste de tu repertorio y te gustaría morir con sus notas. Esos días en que te apetece que se escriban nuevos libros que sólo hablen de miserias. En que quieres ver una película que te haga llorar hasta la última lágrima que te quede dentro. Porque lágrimas es lo único que te queda dentro, recuérdalo, estás vacío. Es la ausencia de todos y, a la vez, de nadie. Es una soledad cuyo idioma sólo habla el alma y dialogan sobre tu destino sin que tú puedas interferir aunque lo único que quieres decir es que tu muerte, por favor, sea rápida. Sientes que tu pecho encoge, por muy grande que lo tengas, por muy ancho y mucho aire que quepa. Sientes que te asfixia. Que te oprime. Que te ahoga. Que te mata. No sabes cómo ni cuándo ni porqué ha llegado esa soledad ni quieres saberlo. Está ahí. Te vigila. Forma parte de tu vida, y acabará con ella. Llora, anda, llora, que nadie va a sacarte de esta.
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Chrístopher Talot
a las
1:54
lunes, 7 de febrero de 2011
Sobre los escritos que no me atrevo a publicar
Les tengo miedo
y me hacen llorar
las lágrimas más amargas
y me hacen llorar
las lágrimas más amargas
Dedicado a ellos.
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Chrístopher Talot
a las
21:52
domingo, 6 de febrero de 2011
Sobre insignificancias y magnificiencias
Por todo lo que aprendí de las noches en vela con demasiadas cosas por decir y con tantos temas tabúes que rompimos con la yema de los dedos. Por mis silenciosos gemidos gratuitos de adolescente con sus primeras arrugas. Por tus caros gritos de experiencia y hedonismo sobreconocido. Por mi uso del plural inclusivo, por tu abuso de la primera del singular. Por mis rabietas sobreactuadas. Por tus decisiones drásticas, pero también por las sorpresas que tan bien se te dan entre silencio y silencio en exceso prolongados. Por la diferencia que no percibes entre mantenerme a un discreto segundo plano e ignorarme por completo. Por la sonrisa más bonita del mundo. La tuya. Y la mía. Por el niño que hay dentro de ti, por el adulto que hay bajo mi piel joven. Por tus imprevistos y por mis planificaciones. Por las reglas que rompimos. Por los mundos contrariados. Por caerte de vez en cuando entre mis cejas, por estirar tu agenda para que quepan mis sueños. Por dejarme el corazón a flor de piel. Por hacerme sentir la china en tu zapato, y la horma, y tu colmo. Por ser tan contradictorias tus insignificancias y tu voluptuosidad. Por tus dos caras y por la que yo no tengo. Por ver cómo sigo completando esta lista...
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
23:29
viernes, 28 de enero de 2011
Escapadas
En aproximadamente unas 13 horas despego nuevamente. Esta vez el destino es: MALTA. Viaje de fin de exámenes con 15 entrañables personajes.
Espero que cuatro días en medio del Mediterráneo despejen mis titubeos y las olas me inspiren para la vuelta.
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Chrístopher Talot
a las
18:26
lunes, 17 de enero de 2011
El presente no existe
La otra noche estuve dándole patadas al mundo y a las miserias con la ayuda de otros tres pares de piernas sobre una cama hecha con confidencias y no con sábanas. Entre risas y preocupaciones desveladas, uno llega a rotundas afirmaciones y serias conclusiones de madrugada a las que después tiene que darle vueltas entre sus propias sábanas. Si antes hablaba de transportarme al pasado, ahora hablo de cómo enfrentar el presente, del que uno siempre huye, o huye el presente de él, que nunca se sabe. Mi inexistente presente es un capricho del tiempo, es un nudo corredero sobre el que avanzamos yo y mis circunstancias por la cuerda floja de la vida. Se compone de dudas, titubeos y una incerteza constante de la que a veces creo que me he caído y me ha dejado flotando en la nada, pero es que el bote salvavidas de la incertidumbre, al fin y al cabo, siempre ha ido a la deriva, llevando al planeta entero a bordo. Dicen que los que no tienen lo que quieren de este mar de oportunidades dejadas pasar que es el mundo, es porque no se atreven a decir que lo quieren. Quizá yo sea el más cobarde. Pero ¿de qué serviría pedirle al presente que en el futuro me traiga lo que quiero, si sé que: primero, cuando el futuro se convierta en presente pasará a ser pasado mucho antes de que pueda darme cuenta de que pasó por mi vida y, segundo, lo que quiero no quiere venir? Quizá le estoy pidiendo demasiado a la providencia, al presente y a las vueltas de ocho piernas en la cama. En fin, resumamoslo en que he decidido acotar mi presente entre el último año y medio y el próximo año y medio, un margen de treinta y seis meses en los que me muevo como un nudo corredero y, he decidido que, si la segunda mitad va a ser tan intensa como la primera, me da igual no llegar más lejos. Vivo un sólido presente, me guste más o me guste menos.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
4:09
sábado, 15 de enero de 2011
Sobre preguntas sin respuesta
Creo que es la primera vez que me quedo tan en blanco frente al papel. No es una des-inspiración momentánea, no. Estoy vacío.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
15:36
jueves, 13 de enero de 2011
La máquina del tiempo
A veces tengo sensaciones un poco extrañas, y es que soy bastante particular. Aunque seguramente sea una de esas cosas que le cuentas a tu amigo casualmente mientras compartís unas cervezas (porque siempre paga uno y beben varios, aunque también esté el famoso por escaquearse) y descubres que le pasa a todo el mundo y que todos creían que eran únicos y particulares y descubres cuan patético es todo, en especial tú. El caso es que hoy he salido al balcón de mi habitación, que es sólo mío y da a un patio enorme con palmeras y pinos que también me gusta pensar que es sólo mío pero que en realidad comparto con un centenar de balcones y ventanas indiscretas de gente que, creo, me espía en ocasiones. Aunque yo también los espío de vez en cuando, pero le llamo ser curioso porque queda mejor, dónde va a parar. Los curiosos son entrañables y admirados, los espías, en cambio, llevan pistola, y eso nunca puede ser bueno. Volviendo de las ramas por las que me he ido sin pensarlo, he salido al balcón y la temperatura, el color de la luz, la tonalidad del aire y la calidad del conjunto me han trasladado a las tardes de Pascua tumbado en un prado al oeste de mi pueblo, un pequeño conjunto de casas más viejas que nuevas colocadas caprichosamente entre montañas, en el interior. Ha sido como estar ahí, en el mismo prado en el que como pipas todos los años disfrutando de las primeras caricias del Sol y de las conversaciones absurdas con los amigos de la infancia que, aunque cada vez están menos, siempre están para esos momentos en los que lo más oportuno es sonreír. Me pasa a menudo. Otras veces está medio lluvioso y me recuerda a las húmedas tardes de otoño leyendo en casa de mis abuelos maternos, cuando vivía con ellos porque creía que era mejor para sacar adelante bachiller que vivir con mi madre y sacar adelante mi relación con mi hermano, que siempre hizo más aguas. Menos mal que hace poco, y con eso digo meses, encontramos un parche y ahora nunca se nos escapa ni una gota. Llamamos a ese parche Eva, y es nuestra hermana de cuatro añitos, a la que me recuerdan los días soleados pero con viento, porque son bellos pero traviesos como ella. Otros días me transportan a los paseos invernales por la playa cuando hacía la ESO, a las tardes en el cine con una ex, otros me recuerdan a otras personas que han pasado por mi vida, o a momentos que repito a menudo o que, simplemente, pasaron una única pero inolvidable vez.
Es extraño, es una especie de máquina del tiempo, en dos sentidos: porque es el mismo tiempo, meteorológicamente hablando, el que me hace rememorar pasados mejores y es el tiempo, cronológicamente, el que se desdibuja y creo estar ahí por unos instantes, si cierro los ojos, me dejo mecer por el ambiente y olvido que estoy en mi balcón de la gran ciudad, lejos del pretérito. Y es que, al fin y al cabo, la única función del pasado es quedarse atrás.
Es extraño, es una especie de máquina del tiempo, en dos sentidos: porque es el mismo tiempo, meteorológicamente hablando, el que me hace rememorar pasados mejores y es el tiempo, cronológicamente, el que se desdibuja y creo estar ahí por unos instantes, si cierro los ojos, me dejo mecer por el ambiente y olvido que estoy en mi balcón de la gran ciudad, lejos del pretérito. Y es que, al fin y al cabo, la única función del pasado es quedarse atrás.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
4:13
sábado, 25 de diciembre de 2010
Sobre un año más (o un año menos)
Se me da mal hacer balance, y más del año más intenso de mi vida, hasta ahora. 2010 ha sido muchas cosas, alegres y tristes, pero podría dividirlo en cuatro etapas:
Enero-Febrero-Marzo o "La Transición":
Unos meses en los que me asumí a mí mismo, me consumí, digerí y renací. Aprendí a aceptar lo que había dejado atrás, a desterrar de entre mis cejas las personas innecesarias que se habían colado allí, a dar la bienvenida sin prejuicios a las nuevas. A matar esos prejuicios también hacia mí mismo, a comprenderme. Aprendí a respirar.
Abril-Mayo-Junio o "El descubrimiento de América":
Si primero tuve que aceptarme, luego tuve que ponerme en práctica. Aprendí a disfrutar con miedo mis primeros pasos en mundos nuevos. Con las personas que había tras de mí y con su cariño a cuestas, emprendí la escalada de nuevas cimas, me superé, me creí por primera vez hasta donde había llegado, crucé mis metas con ventaja absoluta. Aprendí a sonreír.
Julio-Agosto-Septiembre o "La Revolución Rusa":
Por el color más que otra cosa, el rojo sano en mis mejillas, el rojo apasionado en mi corazón. Descubrí un nuevo modo de vida, reinventé mi forma de querer, dí un paso sin marcha atrás en mi historia. Expandí mi curiosidad por Europa, expandí mi amor a dos corazones, que en uno sólo reventaba. Y finalmente, aprendí a echar de menos, pero de verdad, profundamente. Aprendí a valorar.
Octubre-Noviembre-Diciembre o "La caída del Imperio":
Sufrí, esperé, pensé, reflexioné e intenté reinventarme cien veces aunque siempre volvía al triste punto de inicio. Aprendí a desaprender lo aprendido. Me olvidé de respirar, de sonreír y de valorar.
Pero de un tiempo, altamente corto, a esta parte, todo ha dado un vuelco. Creo ver la luz y ahora creo comprenderla. Creo estar preparado, quiero que vuelva la Revolución Rusa e insufle su sangre joven en mis venas raídas, quiero que las personas que me acompañaron al Descubrimiento de América me vuelvan a hacer sonreír como si octubre nunca hubiera llegado, quiero que se note que la Transición existió, que no sigo siendo el extinto individuo que paseó sus mentiras sin pena ni gloria por la vida. Sé que los revolucionarios están aquí por pocos días, que se irán de nuevo y que los volveré a echar de menos. Pero también sé que yo sigo siendo el mismo revolucionario. Que luego no seré un alma en pena, que he aprendido de la distancia. Respiro, sonrío y... valoro que estés aquí.
Enero-Febrero-Marzo o "La Transición":
Unos meses en los que me asumí a mí mismo, me consumí, digerí y renací. Aprendí a aceptar lo que había dejado atrás, a desterrar de entre mis cejas las personas innecesarias que se habían colado allí, a dar la bienvenida sin prejuicios a las nuevas. A matar esos prejuicios también hacia mí mismo, a comprenderme. Aprendí a respirar.
Abril-Mayo-Junio o "El descubrimiento de América":
Si primero tuve que aceptarme, luego tuve que ponerme en práctica. Aprendí a disfrutar con miedo mis primeros pasos en mundos nuevos. Con las personas que había tras de mí y con su cariño a cuestas, emprendí la escalada de nuevas cimas, me superé, me creí por primera vez hasta donde había llegado, crucé mis metas con ventaja absoluta. Aprendí a sonreír.
Julio-Agosto-Septiembre o "La Revolución Rusa":
Por el color más que otra cosa, el rojo sano en mis mejillas, el rojo apasionado en mi corazón. Descubrí un nuevo modo de vida, reinventé mi forma de querer, dí un paso sin marcha atrás en mi historia. Expandí mi curiosidad por Europa, expandí mi amor a dos corazones, que en uno sólo reventaba. Y finalmente, aprendí a echar de menos, pero de verdad, profundamente. Aprendí a valorar.
Octubre-Noviembre-Diciembre o "La caída del Imperio":
Sufrí, esperé, pensé, reflexioné e intenté reinventarme cien veces aunque siempre volvía al triste punto de inicio. Aprendí a desaprender lo aprendido. Me olvidé de respirar, de sonreír y de valorar.
Pero de un tiempo, altamente corto, a esta parte, todo ha dado un vuelco. Creo ver la luz y ahora creo comprenderla. Creo estar preparado, quiero que vuelva la Revolución Rusa e insufle su sangre joven en mis venas raídas, quiero que las personas que me acompañaron al Descubrimiento de América me vuelvan a hacer sonreír como si octubre nunca hubiera llegado, quiero que se note que la Transición existió, que no sigo siendo el extinto individuo que paseó sus mentiras sin pena ni gloria por la vida. Sé que los revolucionarios están aquí por pocos días, que se irán de nuevo y que los volveré a echar de menos. Pero también sé que yo sigo siendo el mismo revolucionario. Que luego no seré un alma en pena, que he aprendido de la distancia. Respiro, sonrío y... valoro que estés aquí.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
20:45
viernes, 24 de diciembre de 2010
viernes, 3 de diciembre de 2010
Sobre ti
Vamos a jugar a un juego. Imagínate dos personas, da igual su sexo, da igual su edad, da igual su estrato social, su religión, su raza o con qué pie se han levantado ese día. Aunque uno de los dos se levanta siempre con el izquierdo. A ver si adivinas de qué hablo:
Ambos están abrazados en un parque. El invierno naciente peina sus cabezas y tiñe con la ternura del otoño muerto sus sonrisas cómplices. Se han dejado caer en cualquier rincón de ese mundo por el que caminaban a ciegas, pues sólo tienen ojos el uno para el otro. El que se levanta con el pie izquierdo tiene un brillo de ilusión en la mirada que traspasa fronteras y borra las huellas de un secreto que teme. El que se levanta con el pie izquierdo tiene también las manos temblorosas de amor y sus labios tejen palabras que no sabe muy bien cómo pronunciar cada vez que se separa de los labios del otro. Quiere decírselo pero el miedo le trepa por las crestas de su coraje y al final, le puede. Le ha podido desde que se conocieron, le podrá cada vez que conozca a alguien. Ha tocado nuevamente el tacto sedoso del amor humano con la piel de su inocencia muerta. Ha creído en la pasión desbocada que le ha insuflado lo que los retrovirales no han conseguido en años: felicidad por vía intravenosa. Y, por fin, viendo el destello del amor incondicional en los ojos del otro, le susurra: soy seropositivo.
Y el brillo incondicional se hace añicos en la pupila del otro, y la inocencia vuelve a morir y el tacto sedoso se vuelve lija, y las crestas del coraje se lanzan al vacío y los labios bosquejan disculpas y las manos tiemblan de tristeza, y el uno ya no tiene ojos para las retinas desesperadas del otro, y el otoño y el invierno se muestran crueles y fríos como son. Se oyen gritos e insultos, se ven empujones y el uno sólo sabe echar en cara y correr y ponerse histérico, tendiéndole la zancadilla al pie izquierdo del corazón del otro. Se repite un ritual que el primero ya se sabe de memoria: el segundo irá al médico, se lo contará a toda su familia, a sus amigos y lo convertirá nuevamente en un paria. Aunque hayan usado siempre protección, aunque haya ido con todo el cuidado del mundo. Al segundo le darán los resultados, negativos, se quedará tranquilo e iniciará su vida de persona corriente con preocupaciones corrientes, sin importarle la grieta que ha abierto en la vida del otro.
El que se levanta con el pie izquierdo podría ser mujer o hombre. Podría ser ario, o negro, o hispano o oriental. Podría ser católico, musulmán, ateo o mormón. Podría ser joven, maduro o un anciano. Podría ser un intelectual o no tener formación. Podría ser tu padre, tu madre, tus primos, tus hermanos... Esta es una historia que se repite día a día en el mundo. Son los abandonados, los rescoldos, el deshecho. Y no se lo merecen. Lo que se merecen es atención social, ayuda, soluciones. Porque, ante todo, podrías ser tú.
1 de diciembre, día mundial de la lucha contra el VIH.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
22:39
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Sobre empequeñecer
Pocas veces es tan difícil enfrentarse al papel en blanco. Parece un mundo inmenso e incierto a nuestro alcance, y da miedo alcanzarlo. Más cuando uno quiere hablar de lo que me dispongo, de cómo he empequeñecido, de cómo siento que lo seguiré haciendo, de todo lo que no volverá a hacerme grande.
Siento que en poco tiempo conocí la gloria y, a la vez, la miseria. Mi vida no es que haya sido un camino de rosas, y si lo fue, desde luego, estaban podridas, porque siempre he sentido ese olor a flores muertas y el aliento de lo triste acariciando mi nuca. Aún así, antes era inocente, ignorante, y era feliz. Sabía que había problemas, pero generalmente los solucionaban unas cuantas lágrimas e invocar a papá y a mamá. Ahora no.
Siento que soy diminuto, porque cada vez me valoro menos, pero es que cada vez veo menos necesario valorarse, y esto se convierte en una serpiente que se muerde la cola, cuando no la lengua. He perdido compañeros, he perdido amigos y he perdido conocidos. He perdido esperanzas, he perdido sueños y he perdido ganas de alcanzarlos. He perdido a quien amaba. He perdido felicidad y he perdido autoestima. He perdido confianza, he perdido afabilidad y he perdido simpatía. He perdido muchas lágrimas por el camino, y las que me quedan. Y he perdido la fe en que no perderé las cosas y personas que he ganado últimamente, si es que no las he perdido mientras escribía ésto.
Siento que encojo, que cada vez mi cuerpo alicaído hace más presión sobre mi corazón ya de por sí pequeño y débil. Siento ganas de llorar hasta deshacerme, y ganas de evadirme de este mundo, de meterme una noche entre las sábanas y desaparecer entre ellas y no ver un mañana, que nadie más me encuentre ni se acuerde de mí ni piense dónde estaré. Siento ganas de no ser yo y, lo que más miedo me da, últimamente sólo siento odio, odio hacia mí mismo, y el odio de los demás.
Siento que empequeñezco. Empequeñezco. Empequeñezco.
Ideado por
Chrístopher Talot
a las
19:23
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