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Id como una plaga contra el aburrimiento del mundo



miércoles, 15 de diciembre de 2010

Sobre escarcha y espejos retrovisores

Sale de la discoteca, chaqueta en mano, que el tejemaneje de cuerpos calientes del interior nunca la deja abrigarse. Se enciende el cigarrillo y mira a los transeúntes mientras se pone el abrigo. Borrachos variados tirados por los suelos de la calle, con el alma sesgada entre fiesta y fiesta. Quinceañeras que se han puesto los primeros tacones de su vida y se han pintarrajeado y han escondido su inocencia bajo el colorete para aparentar diez años más y entrar al local de moda. Los porteros de siempre, copiados y pegados en todos y cada uno de los accesos a una caja de música rota donde adolescentes y no tan adolescentes acarician su alma con la última droga de diseño. Tira el cigarro al suelo, lo pisa con sus diez centímetros de tacón negro sobre la escarcha de enero, se coloca los oscuros mechones sueltos de su pelo inquieto, se sube un milímetro más la falda,  lo justo para que se le intuyan los desencantos, se retoca el pintalabios rojo y se ríe de si misma. Para un taxi.

-¿Dónde siempre, señorita?

-Sí, al infinito.

Y se aleja de la realidad que le escupe el retrovisor.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Sobre centenas y lo que más

Aquella madrugada me dí cuenta de cuánto cuentan cien descosidos para un alma humana. Fuera, la noche cerrada pesaba en el ánimo pero no más de lo que pesan cien confesiones y secretos a voces. Los papeles se amontonaban en mi escritorio: exámenes, trabajos y exposiciones se acumulaban en un corto espacio de tiempo. Y tanto esfuerzo, tantos aprobados, raspados algunos, sobresalientes otros, no me brindaban tanto orgullo como las cien historias que había perdido en mi camino hacia el fondo del pozo que yo sólo me había cavado, y que nadie se molestaría en evaluar, ni me interesa. Cien suspiros de mi mente melancólica que no llevarán el pan a mi boca, pero a menudo llevan el descanso a mi corazón. Cien, cien, cien, cien... Y parece que ya tengo cien años, que mis escasas arrugas deslucen mi rostro como si fueran cientas, y es que las más profundas no se aprecian a la vista, ni al tacto, ni a ningún otro sentido aunque existieran cien de ellos. Sólo al sentido común. Al sentir sentido profundamente. Al sentir que ha muerto la chispa en mis pupilas negras. Al sentir que cada día que pasa es idéntico al de ayer y no espero un mañana mejor. Y es que podría hablar de cien personas en este momento, que se lo merecerían más, sin duda, pero por más que ensayara sólo me saldría hablar de una. Esa única persona que es, en esta vida, lo que más (he sentido, he soñado, he anhelado, he acariciado, he saboreado, he tocado, he abrazado, he olido, he pensado, he sonreído, he llorado, he escrito, he recordado, he gritado, he sangrado, he idealizado, he esperado, he desesperado, he suspirado, he oído, he cantado, he palpitado, he emocionado, he encantado, he hechizado, he comprendido, he descubierto, he encontrado, he sorprendido, he enloquecido, he enrabiado, he perseguido, he afligido, he enfadado, he asumido, he vivido, he contrariado, he acostado, he levantado, he dibujado, he despertado, he compuesto, he inventado, he añorado, he lastimado, he sanado, he insuflado, he volado, he buscado, he silbado, he lamentado, he paseado, he celebrado, he dolido, he triunfado, he reído, he cicatrizado, he disfrutado, he pintado, he jugado, he liberado, he agarrado, he privado, he saqueado, he cubierto, he acaparado, he caído, he dejado, he cedido, he seguido, he implorado, he sabido, he perdonado, he tenido, he ilustrado, he explicado, he flotado, he olvidado, he desentendido, he reestructurado, he servido, he reinventado, he recuperado, he pretendido, he perdido, he curado, he olfateado, he impregnado, he tumbado, he justificado, he susurrado, he guardado, he lamido, he tarareado, he sudado, he sorbido, he besado, he muerto, he sido...) he querido.

Cien caprichos se me han caído por la puerta trasera del alma. Ojalá caigan cien más. Ojalá.

domingo, 12 de diciembre de 2010

No quieres estar solo

Aprovechando que han sido los primeros en confirmar su asistencia al SOS 4.8 2011 (del que ya tengo la entrada a pesar de que faltan 5 meses), la canción que os propongo este mes es What you know, de los irlandeses Two Door Cinema Club.

Mi relación con ellos empezó como un flechazo en el FIB 2010, al verlos cerrando el escenario secundario mientras todo el mundo se apelotonaba en torno a Dizee Rascall en el principal. Entoncés me pareció que ambos estaban en el escenario equivocado y hoy lo corroboro. Tras meses reventando su ábum Tourist History, increiblemente alegre a la par que meditado, fusión del electropop y el rock alternativo, he de decir que es un disco redondo. Si quereis escucharlos más, empezad por Cigarettes in the theatre o Something good can work, las más célebres, aunque I can talk aparece actualmente en el anuncio de un coche y os sonará porque su melodía es, como todas, muy pegadiza.

Yo he elegido What you know porque su letra es la que más me cala, aunque todas sean perfectas, a veces pienso que el estribillo "you don't want to be alone" me lo están cantando exclusivamente a mí.



Por cierto, mi próxima entrada será el Capricho número 100 que haya dejado caer por estos lares, ¿alguna sugerencia?

viernes, 10 de diciembre de 2010

Sobre humo y labios de carmín

Podría decir que su vida se resume en una huida empezada demasiado pronto, cuando su inocencia aún ni se había calzado para correr tras ella. Aprendió a usar el pintalabios rojo sangre antes que a vestir sus muñecas, huyó de su infancia, se fugó de su niñez y apenas dio un breve paseo por la adolescencia antes de abandonar su hogar y pagar sus primeros alquileres, mientras sus amigas sólo pagaban esa revista de cotilleos que ella nunca leyó. Conoció a más gente en la intimidad que a la luz del día, y en la facultad se labró la fama que ningún otro quiso para sí. Fue la primera en acostarse con aquél que todas deseaban, pero ella nunca lo dijo. Y también fue quien cambió de acera a esa chica con la que todos soñaban. Fue la reina de la pista en un baile en el que todos bailaban con máscara menos ella. La única que perdió al juego de las apariencias que nunca acabó de entender por mucho que sus múltiples parejas, universitarios con ínfulas de bohemio y virtuoso que no eran más que humo vendido, le explicaran el sentido de la vida entre calada y calada, para acabar recorriendo sus tatuajes con la lengua. Y cuando se plantó a hacer repaso de su vida decidió que había sido más intensa de lo que su esqueleto de cristal podía soportar, y se dejó llevar. Se dejó de querer, se dejó de alegrar y se dejó el alma en ello. Se dejó tumbar en la cama de cualquiera y se dejó convencer de que era especial.

Pobre niña de la sonrisa bermellón y traviesa, perdida en el humo de su cigarro, en el tedio de su habitación, en la tristeza de sus ojos grises. Salió a comerse el mundo, y el mundo se la comió.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Miro por la ventana y...
Espero.

Espero seguir esperándote.
Nadar en nuestros recuerdos.
Caer en el abismo de tu ausencia.
Andar a la par de tu camino lejano.
Notar como el tiempo labra en mi piel.
Tratar de vencer las distancias.
Amarte a pesar del olvido.
Saber que esperar merece la pena por abrazarte otra vez.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Sobre ti

Vamos a jugar a un juego. Imagínate dos personas, da igual su sexo, da igual su edad, da igual su estrato social, su religión, su raza o con qué pie se han levantado ese día. Aunque uno de los dos se levanta siempre con el izquierdo. A ver si adivinas de qué hablo:

Ambos están abrazados en un parque. El invierno naciente peina sus cabezas y tiñe con la ternura del otoño muerto sus sonrisas cómplices. Se han dejado caer en cualquier rincón de ese mundo por el que caminaban a ciegas, pues sólo tienen ojos el uno para el otro. El que se levanta con el pie izquierdo tiene un brillo de ilusión en la mirada que traspasa fronteras y borra las huellas de un secreto que teme. El que se levanta con el pie izquierdo tiene también las manos temblorosas de amor y sus labios tejen palabras que no sabe muy bien cómo pronunciar cada vez que se separa de los labios del otro. Quiere decírselo pero el miedo le trepa por las crestas de su coraje y al final, le puede. Le ha podido desde que se conocieron, le podrá cada vez que conozca a alguien. Ha tocado nuevamente el tacto sedoso del amor humano con la piel de su inocencia muerta. Ha creído en la pasión desbocada que le ha insuflado lo que los retrovirales no han conseguido en años: felicidad por vía intravenosa. Y, por fin, viendo el destello del amor incondicional en los ojos del otro, le susurra: soy seropositivo.

Y el brillo incondicional se hace añicos en la pupila del otro, y la inocencia vuelve a morir y el tacto sedoso se vuelve lija, y  las crestas del coraje se lanzan al vacío y los labios bosquejan disculpas y las manos tiemblan de tristeza, y el uno ya no tiene ojos para las retinas desesperadas del otro, y el otoño y el invierno se muestran crueles y fríos como son. Se oyen gritos e insultos, se ven empujones y el uno sólo sabe echar en cara y correr y ponerse histérico, tendiéndole la zancadilla al pie izquierdo del corazón del otro. Se repite un ritual que el primero ya se sabe de memoria: el segundo irá al médico, se lo contará a toda su familia, a sus amigos y lo convertirá nuevamente en un paria. Aunque hayan usado siempre protección, aunque haya ido con todo el cuidado del mundo. Al segundo le darán los resultados, negativos, se quedará tranquilo e iniciará su vida de persona corriente con preocupaciones corrientes, sin importarle la grieta que ha abierto en la vida del otro.

 El que se levanta con el pie izquierdo podría ser mujer o hombre. Podría ser ario, o negro, o hispano o oriental. Podría ser católico, musulmán, ateo o mormón. Podría ser joven, maduro o un anciano. Podría ser un intelectual o no tener formación. Podría ser tu padre, tu madre, tus primos, tus hermanos... Esta es una historia que se repite día a día en el mundo. Son los abandonados, los rescoldos, el deshecho. Y no se lo merecen. Lo que se merecen es atención social, ayuda, soluciones. Porque, ante todo, podrías ser tú.

1 de diciembre, día mundial de la lucha contra el VIH.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Sobre los viajes de la lluvia y la hierba cortada

Ves ese prado verde recién cortado, y el olor de la hierba sesgada te inunda.Los pájaros vuelan bajo y su canto te inspira la desconfianza típica de los diciembres jóvenes. De esos primeros y fríos días de mes que no estás seguro de haber empezado con buen pie. Cierras los ojos, porque lo que quieres es sentirte sólo. Ajeno al tráfico, al humo y a las personas con sus preocupaciones inútiles y banas. Agudizas el oído y al cabo de unos minutos solo oyes las lágrimas del cielo plomizo golpear una a una las hojas del árbol que hay sobre ti, caer en tu cabeza, mojar tu pelo, bajar por la mejilla e iniciar un trayecto secreto por dentro de tu ropa, hasta calarte el alma. Los últimos don nadie que perturbaban tu tiempo, que ensuciaban tu prado, que envidiaban tus pájaros, han huido de la lluvia refugiándose en sus casas asépticas y sus inquietudes vacías.Y tú ahí sigues, en medio del parque, bajo la tormenta. Te crees superior al resto de personas, crees que todo el mundo es un invento estúpido que nunca se ha parado a pensar en qué sentido gira, y por algunos instantes tocas la felicidad y la verdad con la yema de los dedos. Luego todo se aleja y sigues solo en el parque, empapado. Los truenos y los relámpagos han dado paso a la noche amarillenta y parda de la ciudad y tú intentas volver a cerrar los ojos intensamente, quieres recuperar lo que habías conseguido por milésimas, esa sensación de que no necesitabas a nadie, de que la lluvia se llevaba tus temores y tus sueños frustrados. Pero sólo consigues oír un débil susurro que dice: ya ha pasado, ya ha pasado... Y no volverá.