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Id como una plaga contra el aburrimiento del mundo



sábado, 25 de diciembre de 2010

Sobre un año más (o un año menos)

Se me da mal hacer balance, y más del año más intenso de mi vida, hasta ahora. 2010 ha sido muchas cosas, alegres y tristes, pero podría dividirlo en cuatro etapas:

Enero-Febrero-Marzo o "La Transición":
Unos meses en los que me asumí a mí mismo, me consumí, digerí y renací. Aprendí a aceptar lo que había dejado atrás, a desterrar de entre mis cejas las personas innecesarias que se habían colado allí, a dar la bienvenida sin prejuicios a las nuevas. A matar esos prejuicios también hacia mí mismo, a comprenderme. Aprendí a respirar.


Abril-Mayo-Junio o "El descubrimiento de América": 
 Si primero tuve que aceptarme, luego tuve que ponerme en práctica. Aprendí a disfrutar con miedo mis primeros pasos en mundos nuevos. Con las personas que había tras de mí y con su cariño a cuestas, emprendí la escalada de nuevas cimas, me superé, me creí por primera vez hasta donde había llegado, crucé mis metas con ventaja absoluta. Aprendí a sonreír.

Julio-Agosto-Septiembre o "La Revolución Rusa":
Por el color más que otra cosa, el rojo sano en mis mejillas, el rojo apasionado en mi corazón. Descubrí un nuevo modo de vida, reinventé mi forma de querer, dí un paso sin marcha atrás en mi historia. Expandí mi curiosidad por Europa, expandí mi amor a dos corazones, que en uno sólo reventaba. Y finalmente, aprendí a echar de menos, pero de verdad, profundamente. Aprendí a valorar.

Octubre-Noviembre-Diciembre o "La caída del Imperio":
Sufrí, esperé, pensé, reflexioné e intenté reinventarme cien veces aunque siempre volvía al triste punto de inicio. Aprendí a desaprender lo aprendido. Me olvidé de respirar, de sonreír y de valorar.


Pero de un tiempo, altamente corto, a esta parte, todo ha dado un vuelco. Creo ver la luz y ahora creo comprenderla. Creo estar preparado, quiero que vuelva la Revolución Rusa e insufle su sangre joven en mis venas raídas, quiero que las personas que me acompañaron al Descubrimiento de América me vuelvan a hacer sonreír como si octubre nunca hubiera llegado, quiero que se note que la Transición existió, que no sigo siendo el extinto individuo que paseó sus mentiras sin pena ni gloria por la vida. Sé que los revolucionarios están aquí por pocos días, que se irán de nuevo y que los volveré a echar de menos. Pero también sé que yo sigo siendo el mismo revolucionario. Que luego no seré un alma en pena, que he aprendido de la distancia. Respiro, sonrío y... valoro que estés aquí.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad! y otras cosas horribles, ácratas.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Sobre descomposiciones y madrugadas

¿Cuanto tarda el cuerpo humano en descomponerse? Depende del trato que haya recibido, imagino yo. Influirán todos esos discursos que construiste con tus incongruencias. Todas las falsas semillas que plantaste en mí, las flores que esperabas recoger cuando sabes que no te corresponden, porque has regado otras plantas en mi ausencia, y porque no sé qué decir de mi presencia. Se me han descompuesto los sueños, el alma y la fe en la humanidad. Se me ha descompuesto el aliento y las palabras que hablan de ti. Y se me ha descompuesto la compostura. De mí, en todo caso, no quedará mucho que descomponer para cuando la Muerte me lleve en sus brazos. De corazón, al menos, ya ando escaso.

martes, 21 de diciembre de 2010

Sobre corazones bipolares

De tanto caminar por el filo de la duda, al final la vida me partió en dos y se quedó a cada lado de la frontera una mitad del corazón. Uno de los lados se ha sentado en el meridiano que dibuja su sonrisa a contemplar las caricias que le propina el Sol. El otro vive en un Londres constante, allí donde por más que alces el vuelo nunca deja de llover y tus alas empapadas te empujan al fondo de tus miedos.

Y ahora no sé si quiero al uno o echo de menos al otro. ¿Es capaz el corazón de pensar en dos personas a la vez? Mi cabeza, al menos, no. Porque cuando pienso en uno me olvido del otro, y si pienso en los dos me olvido de mí y es entonces cuando más me pierdo, cuando mis sueños se quedan a tres pasos de la estratosfera y mis pies pegados al suelo de la impotencia no me dejan ir tras ellos. Y una parte del corazón se dedica a inflar globos que me eleven mientras la otra los pincha, uno a uno, con su afilada melancolía.

Y ya tengo la voz ronca de intentar elegir a gritos entre mis miedos, de intentar discernir lo que deseo. Se me ha rasgado la conciencia y nublado la vista. Unas veces extasiado de ilusión y otras de tristeza, no conoceré un término medio hasta que la vida vuelva a coger cada mitad del corazón y me las devuelva unidas, si es que aún me pertenecen.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Sobre tomar aire y no tomar decisiones

Para un momento, respira. Siente como el aire fresco invade tus pulmones y su anzuelo se clava en tu esternón para tirar de ti hacia las nubes. Pareces flotar por encima de esos pequeños problemas que a veces borran las branqueas del sistema respiratorio de tu cuerpo y convierten el oxígeno en humo y tus metas en pozos. Estás en la encrucijada, pero qué más da si ahora no sabes elegir entre los diferentes caminos que te brindan, disfruta un poco de cada uno de ellos, quédate con lo mejor, olvida lo que pudo haber sido.

Ahora que tus adentros están llenos, aunque sea de aire, vuelve a mirarte en ese espejo del fracaso que has creado para tus noches, en los momentos antes de dormir en que necesitas empujar los comecabezas de la cabecera y aún así los oyes roer por debajo de la cama y tramar sus trampas de cristal sobre lo que llegarás a ser y sobre lo que nunca fuiste.

Verás como, una vez has respirado, has contado hasta diez y te has permitido el lujo de tomarte un breve tiempo para ti mismo, el aire de tu interior se convierte en oro, en esos sueños que te hacen pesado para ti mismo pero ligero para los demás, y que tú te empeñas en convertir en todas esas convicciones suicidas por las que tu corazón pidió la independencia y se instaló por encima de las estrellas, ajeno a ti.

Respira, toma aire y nunca más tomes decisiones. Que sean otros los que decidan, que tú ya cargas bastante con una sola vida, como para cargar con la que ansías, con la que temes y con la que hubieras esperado de los demás. Toma aire, y tómate la vida en tragos largos, antes de que se la beban tus parásitos.

sábado, 18 de diciembre de 2010

No concibo término medio,
y es porque nunca me has dejado tibio.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Sobre luces, cámaras... ¡yo!



Sesión de estudio, 16|12|2010
Se perdió en aquél paragüas de mentiras de carmín que la protegía de la realidad.