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Id como una plaga contra el aburrimiento del mundo



lunes, 22 de noviembre de 2010

Sobre el infinito, y más allá, y más acá

Aún recuerdo con una sonrisa cuando jugaba a esconderme en mi montaña de juguetes y mi madre no me encontraba. Cuando me metía dentro de la funda del edredón y viajaba al centro de la Tierra. Cuando la barandilla de las escaleras era un arriesgado circuito para mis cochecitos. Cuando veía una y otra vez esa película en la que un muñeco decía "Hasta el infinito y más allá" y yo me asomaba a la ventana y lo repetía y creía que podía salir volando por ella.

Pero pasé de jugar con juguetes a ser el juguete en las manos de otros. Y tras mucho trastabillar y rasparme las rodillas y los codos por nada, y tras tropezar y levantarme, más veces a la fuerza que por voluntad, tras todos los titubeos que escribieron fracasos a fuego en mi piel, y tras abrírseme descosidos por donde se escapaba mi alma de algodón, me convertí en el muñeco roto que soy.

Y ahora ya no quiero ir más allá, me conformo con el más acá. Con lo más cercano. Con que vuelvas de tu viaje al infinito y te hayas cansado de romper muñecos y te apetezca coger hilo y aguja y empezar un nuevo juego conmigo. Pero esta vez firmemos primero un final feliz, que un mismo corazón de trapo no aguanta dos embestidas tuyas, por mucha cuerda que me des.

3 comentarios:

  1. Menuda diferencia entre el primer párrafo y el resto, me dejaste un poco triste. Pero me encanta es muy humanamente maravilloso.

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